Capítulo 10
- Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día… -rezaba Luciana en medio de sollozos.
- Luciana, cállate por favor, los estas alterando –le susurró Nicholas.
- Creo en padre todo poderoso creador del cielo y de la tierra, creo en Jesucristo su único hijo… -seguía la chica.
- ¡Muchacho! Hazla callar ya, o juro que te hare tragar tus pelotas. –Nicholas la golpeó con su mano libre, ella se quejó pero aun así no dejó de rezar.
- Señor secuestrador, no tiene escopolamina, cloroformo, burundanga, yo que sé… cinta, si quiere asesínela y córtenle el brazo, le aseguro que nadie la reclamará, creo que hasta le haría un favor a la humanidad.
- ¡Nicholas!
- ¡Entonces cállate mujer, Harás que nos maten! –le gritó. Justo cuando la chica iba a responder la camioneta frenó de repente, haciendo que sus cabezas se estrellaran con los asientos delanteros. Bill empezó a presionar la bocina desesperado y enloquecido. Cuando ambos volvieron a acomodarse descubrieron el gran problema.
- ¿Vacas? –se preguntó Nicholas.
- ¿En el desierto? –se interrogó Luciana, aunque segundos después se fijó mejor en el camino, y se dio cuenta que un poco más allá de donde se encontraban el desierto se desvanecía y daba comienzo a una amplia vegetación. La manada de vacas caminaban a un ritmo extremadamente lento y ni se inmutaban por el sonido de la bocina, al durar diez minutos y solo avanzar un centímetro, Bill le echó reversa a la camioneta.
- Entonces si no se quitan por las buenas, ya se quitaran por las malas –Dijo el conductor/secuestrador en voz alta pero hablando más bien para sí mismo. Puso en neutro y aceleró haciendo rugir fuertemente el motor.
- ¿Pero qué es lo que va a hacer? –dijo la chica con angustia.
- ¡Mataré a esas cabronas! –dijo con exaltación, de inmediato metió el cambio y aceleró, pero antes de que llegase a tocar alguna vaca, Luciana se lanzó hacia adelante, jalando la mano del chico para rodear con las esposas el cuello de Bill y ahorcarlo, lo que causó que Bill soltase el volante y la camioneta se desviara saliéndose de la carretera.
- ¡No! ¡no! ¡no! –Gritaba ella, mientras jalaba con más fuerza de las esposas que rodeaban el cuello del hombre. Luciana era grande defensora de los animales, por esta razón por nada del mundo dejaría que lastimaran a las vacas. – ¡Jala más fuerte Nicholas! –el chico obedeció, pero en el mismo momento en que lo hacía recibió un puño en su cara justo en el mismo lugar dónde Luciana había estrellado el sartén la noche anterior. Se echó hacia atrás sobándose su frente y sin perder tiempo lanzó una patada que dio de lleno en la cara de Fred, este último se recuperó casi al instante y se lanzó hacia la parte de atrás con la intención de atacar a Nicholas.
Mientras los chicos peleaban, la camioneta andaba sin control a toda velocidad, recorrió todo el poco de desierto que quedaba y se introdujo en la vasta vegetación, minutos después se estrelló contra un gran árbol, todos salieron disparados hacia adelante. Fred había volado hasta el asiento del copiloto y aunque recibió un fuerte golpe en la cabeza, rápidamente se reincorporó tomando la escopeta en sus manos y apuntándoles a los chicos, quienes al recuperarse se quedaron como piedras, lanzándose miradas nerviosas. Bill había sido el más afectado, casi consiguieron estrangularlo y además su cabeza había chocado contra el volante en el momento del choque.
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Atados al Amor
HumorNicholas Reinaldi y Luciana Montgomery llevan una vida de felicidad por separado, por vivir casi en polos opuestos nunca se han conocido, hasta que por cosas del destino, una agencia inmobiliaria les vende el mismo. Apartamento y ellos se ven obliga...
