Capítulo 1. Renacer.

2.5K 121 6
                                        

Tragué saliva fuertemente. ¿Qué se supone que deba hacer? ¿Arrojarle la fotografía a la cabeza y gritarle que es un maldito infeliz? No, sé un poco más madura.

Aunque estoy helada y no puedo siquiera girarme a verle.

¡Ten un poco de coraje!

Venga, Ed, girate y hazle frente.

Eso hice. Me giré, con el portaretratos aún en mi mano y lo miré a los ojos. Esos ojos mieles que me derriten cada vez que los miro. Pero esta vez esos ojos no tenían el mismo brillo de siempre. Se ven... Apagados y vacíos. Él se encuentra sin camisa y con unos jean gastados, se nota que no ha dormido hace tiempo por las grandes ojeras en su rostro y por su piel pálida. Se ve más delgado y su cabello está sin brillo. En resumen, se ve fatal.

—Lo siento por venir así sin avisar, no sabía si estarías con ella, pero quise buscar —trago saliva, mi boca se estaba secando—... Mis cosas, y —ya no podía ni hablar.

—Ella no está aquí, Eda.

Yo asiento con la cabeza rápidamente como una tonta y digo, –o mejor dicho tartamudeo–
— O-okey.

Doy unos cuantos pasos hasta llegar más o menos cerca de él y intento volver a mirarlo, aunque se me haga casi difícil.

—Iré-Iré por mis cosas. — camino intentando no tropesar por mis nervios y subo las escaleras hasta la planta de arriba. Entro a su habitación y veo que está todo desordenado, pero el armario aún sigue intacto, como si no lo hubiera tocado.

Busqué uno de mis bolsos y comencé a guardar mis cosas, las pocas cosas que aún estaban aquí.

Siento su presencia detrás mío aunque trato de ignorarla torpemente sigo metiendo mis cosas.

—Se que no viniste a las diez de la noche a recoger tus cosas, Ed. —dice.

Dejo el bolso en el piso y lentamente me levanto quedando a espaldas de él.

—No, de hecho no. —contesto. Cierro mis ojos tratando de darme fuerzas a mi misma—  Quiero que me digas todo lo que sabes de Eric. —esta vez volteo y veo que está muy cerca mío, a tan sólo dos o tres pasos.

—Sólo se que vive en Brasil, que maneja un grupo de sicarios y que es muy temido en las favelas — está cruzado de brazos y me mira atentamente—. Lo llaman "El Diablo".

Parpadeo rápidamente como si no hubiera entendido ni una palabra.

—¿El Diablo? —repito sin entender.

—Si, nadie sabe su nombre verdadero, sólo lo conocen por ese apodo. —continúa— Es muy temido y muy difícil de encontrar.

—¿Sabes dónde se encuentra ahora?

—Lo han visto en Rio, pero vive en San Pablo. La foto que seguramente viste es en Rio, creo que está allí ahora mismo. —finaliza.

—Vale, es lo que necesitaba saber. —asiento y intento recoger mis cosas nuevamente pero él me toma del brazo haciendo que gire.

—No irás tras él, ¿Verdad? —me pregunta muy cerca.

Mierda, lo tengo tan cerca que casi puedo sentir su aliento y su corazón latir. ¿Por qué las cosas tuvieron que ser así?

Quiero besarlo y golpearlo al mismo tiempo, decirle que lo amo y que lo odio, demostrarle todo el dolor que me ha hecho sentir y también abrazarlo y no soltarlo jamás.

San Pablo. (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora