Mentiras.
Siempre se trata de eso.
Un viaje hará que todo se tumbe boca arriba, pero la historia continúa, siempre continúa.
Ella irá en busca de su hermano, también buscará la verdad y su paz, pero quién dice que nadie la buscará a ella.
Alguien...
Es oficial, estamos en Rio de Janeiro. Joder, todo es hermoso. Pero no viniste a vacacionar, Eda.
—Vale, ahora qué Kevin. —le hablo desde mi móvil ya que estabamos haciendo videollamada.
—Brad los llevará a la casa que alquilamos para que se hospeden. —nos explica ya que todos lo estabamos viendo y escuchando— Le dejé la dirección en el GPS así que no deben tener problemas. La casa está equipada con todo lo que necesesitais.
—¿A qué te refieres? —pregunta Candice.
—A todo. —contesta Kevin— De eso ya me he encargado. —nos guiña un ojo —Ahora, Eda, cuando llegues veras una Mac sobre la mesa, tomala, esa tiene toda la información que necesitas sobre lo que sabemos de Eric y a las ocho irá un amigo mío a hablar con vosotros.
—Vale. —asiento— Gracias, Kev.
—De nada Panda, cuídate. —y corta la videollamada.
Nos subimos al coche, que Brad hizo traer desde California hasta aquí y encendió el GPS.
Troy y Carter venían siguiendonos en otro coche detrás nuestro.
Pensé en la palabra de Jonathan y me pregunté si el estaba dispuesto a seguir jodiendome la vida.
"—No puedes hacer nada. Te seguiré hasta en tus sueños."
¿Qué clase de amenaza es esa?
Él sigue insistiendo que está haciendo esto por mi, pero qué sentido tiene que se acueste con Anastasia mientras estoy aquí sufriendo aún por él. Quizás no se está acostando con Anastasia, pero eso es algo casi imposible, obviamente folló con ella.
No se qué más quiere de mi. Estoy exhausta. Pero quizás, tal vez deba demostrarle que ya no soy la misma Eda de siempre. Ahoras soy otra y esta nueva yo hará lo que sea necesario para mantenerse de pie.
La idea es no caer otra vez.
Estacionamos frente la casa donde nos quedaríamos. No había notado el viaje, pero al parecer fuer rápido. La casa es bastante bonita y creo que es perfecta para nosotros.
Estacionados estaban los coches de Simon, Carter, Candice y...
—¿De quién es el otro? —pregunté al bajar. E inspeccioné a ver si estaba mi motocicleta, y sí, estaba detrás. Era lo único que importaba.
Todos se miraron algo nerviosos.
—Es tuyo, Ed. —responde Candice con una mueca.
—¿Mío? —observo bien el coche. Un Ferrari. Parecido al que tiene Jonathan.
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Miré a todos nuevamente con los brazos cruzados.
—No he comprado ningún jodido coche, me pregunto de dónde ha salido.