Tomé aire por la boca y lo contuve en mis pulmones durante algunos segundos. Aún estabamos parados uno frente al otro fundiendonos en inexplicables miradas.
Mi corazón dejó de latir por un segundo y el aire comenzó a faltarme, parpadeé unos instantes sin quitar mi mirada de él. Sus ojos color miel me miraban con cierta tensión y dolor.
Algo en mi decía que salga corriendo de allí, que esto está afectando mi ritmo cardíaco y que en cualquier momento moriré frente a él.
—Los dejaremos solos. —pude sentir la voz de Candice y como la puerta se abrió y se cerró al instante.
¿Qué sucede Ed? Se fuerte.
—Eda. —intentó acercarse pero retrocedí algunos pasos atrás antes de chocar con un mueble.
—¿Qué haces aquí? —mi boca se secó al instante, tuve que lamer mis labios.
—¿Qué crees que hago aquí?
—Molestarme. —suelto sin vacilar.
El sonríe de costado.
—No tienes por qué estar aquí, Jonathan. —levanté mi mano como si el fuera a acercarse pero no lo hizo.
—Lo sé. —murmura.
—¿Dónde está Anastasia? —pregunto sin pensar. Realmente no lo pensé.
—Ella no vino, no sabe que estoy aquí, Eda. —aprieta su mandíbula.
—Entonces vete. —vuelvo a tragar saliva. Aún tengo la garganta seca— No querrás que sepa que estás con tu ex en la misma habitación.
¿Es momento para esto, O'Brien?
Él da un paso más, pero esta vez yo no puedo retroceder ya que el mueble que tengo detrás no me lo permite.
—Tú no eres mi ex. —da otro paso más. Y ya estaba a dos pasos de dejarme sin aliento.
—Sí, si lo soy. —mi pecho sube y baja por los nervios y la tensión que siento en este momento. Mierda.
—No, no lo eres. —da otro paso más y luego otro hasta que las puntas de nuestros pies quedan juntas. Me muevo incómoda por su cercanía y él sonríe de costado otra vez. Maldito sea— Te extraño. —murmura tocando la punta de mis dedos con su palma. Corro mi mano al instante y miro hacia mi derecha evitando cualquier contacto visual— Realmente te extraño y cada día es peor.
—Basta. —murmuro suplicando con la voz ronca ya que el nudo que comenzó a joderme en mi garganta no me dejaba articular nada.
Levantó su mano derecha y con su dedo índice levantó mi mandíbula tratando de hacer que lo vea.
—Quiero que entiendas que cada cosa que hago es por tu bien. —me dice muy cerca de mis labios, casi puedo sentir el rose de ellos — Sólo quiero protegerte, nena.
Esta vez lo miro muy indignada.
—Lo único que haces es herirme, Jonathan. —mascullo. Este aprieta nuevamente su mandíbula—Antes de protegerme me destruyes por completo y después intentas volver como si yo tuviera la obligación de entender el por qué lo haces. —niego con la cabeza mientras lo miro seriamente a los ojos— Siempre creí que estábamos en esto juntos, que éramos un equipo, pero no es así. Me tienes entre algodones como si alguien me fuera a romper en cualquier momento, pero el único que lo haces eres tú. No tienes piedad.
—¿Que no tengo piedad? —ríe irónico— ¡Lo único que hago es pensar en tu bien, Eda! —grita alejándose.
—Pero nunca entendiste que tú eras mi único bien. —me tragué mis lágrimas y lo observé momentáneamente esperando que él me mire— Y —continúo: —, al parecer nunca lo entenderás.
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San Pablo. (EDITANDO)
Hayran KurguMentiras. Siempre se trata de eso. Un viaje hará que todo se tumbe boca arriba, pero la historia continúa, siempre continúa. Ella irá en busca de su hermano, también buscará la verdad y su paz, pero quién dice que nadie la buscará a ella. Alguien...
