Capítulo 41. El almacén.

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No se qué hora era cuando llegamos, el tema es que todos estaban desayunando cuando entramos. Maya fue la primera en correr a la puerta y al ver mi rostro casi larga su llanto exagerado allí mismo.

—Tranquila, estoy perfectamente. —sonreí como indirecta.

Ella me abrazó fuertemente y le susurré que el bebé estaba bien. Me soltó un momento tomándome de los hombros para mirarme y chilló de felicidad.

—Dios, pero que ha sido un milagro, joder. —me abrazó una vez más.

—¿Dónde está ella? —le pregunté poniéndome ya seria.

—Está en el almacén junto con Elias y Shane. —me contestó Maya con cierto odio en su voz.

—Quiero verla. —dije mirando a Eric que estaba tecleando algo en su móvil.

—Olvidalo. —me contestó serio y firme.

—Pues no te lo he preguntado, te estoy diciendo que quiero verla. —le respondí de la misma manera.

Él bufó y miro a Maya que asintió.

—Vale. —me guió con la cabeza que lo siga.

—Eda... —Candice me cogió del brazo— ¿Segura que quieres hacer esto? El doctor te pidió reposo y que no te estreses.

—Todo estará bien, sólo será un minuto. —acaricié su hombro para que no se preocupara pero obviamente lo estaba.

Eric me llevó al almacén que está justo detrás del garaje. Es grande y custodiado. No quiero ni saber qué es lo que hay allí.

Le dijo algo en portugués a los dos tios que cuidaban la puerta y ellos asistieron simplemente. En la puerta de metal blindada había un tablero digital donde él ponía su mano, automáticamente la puerta de metal se abrió dándonos paso al almacén.

Seguí a mi hermano y más hombres se encontraban dentro del lugar, no les presté atención, seguí caminando y nos encontramos con una habitación vidriada, dentro de esa habitación estaba ella, con Shane y Elias mirándola mientras la muy zorra se limaba las uñas. Estaba golpeada y muy herida, pero no parecía importarle.
Automáticamente sentí rabia al verla, es la zorra que casi mata a mi pequeño renacuajo.

—¿Segura que quieres hacer esto? —me preguntó Eric antes de poner el código para que la puerta se abra.

—Abrela ya, Eric.

Él suspiró y apretó unos cuántos números hasta que la puerta se abrió. Todos nos miraron. Shane y Elias se apartaron y allí fue cuando ella me sonrió.

Lo primero que hice fue acercarme y abofetear su maldita cara. Ella escupió sangre y rió.

Sólo quiere joderme.

—¡Fuera! —les grité a los demás.

—Ed... —intentó hablar Eric pero voltee y los miré antes de que pudiera decir algo más.

—Fuera, todos, ahora. —apunté la puerta— Necesito hacer esto sola.

Shane y Elias miraron a Eric esperando su autorización, entonces él asintió una vez y ellos salieron. Él me echó una última mirada y cerró la puerta.

Sabía que me estarían mirando desde fuera, dentro de la habitación se ven espejos, pero se que están allí.

—Al fin. —dije y caminé un poco por la habitación— Solas otra vez.

Ella solamente me ve caminar. Por suerte está atada de manos y pies en la silla.

—¿Perdiste a tu bebé? —preguntó en un tono de burla.

San Pablo. (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora