Capítulo 30. Familia.

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Al despertar me encontré con su rostro mirándome con algo de tristeza. Creí que estaba soñando nuevamente e intenté buscar a Candice pero ya no estaba a mi lado.

Al verlo allí sentado me aterré. Pateando las sábanas me aparté rápidamente.

—Candice me contó del sueño que tuviste. —me dice y despacio se levanta de la silla.

No dije nada, pero estaba preparada para correr, no sé por qué.

—¿De verdad crees que soy capas de hacerte daño luego de todo lo que hemos pasado juntos? —me preguntó con cierta tristeza y decepción.

Allí fue cuando recapacité y me di cuenta lo equivocada que estaba, pero igual me quedé callada.

—La única persona capas de hacerte daño en esta habitación eres tú, Eda. —me dice frío.

Lamí mis labios y miré hacia otra parte completamente avergonzada de mi misma. ¿En que estaba pensando?

—Estoy decepcionado de ti.

Esta vez lo miro.

—¿Tú estás decepcionado de mi? —pregunto con mi voz ronca y temblorosa— No seas hipócrita, Justin.

—¡Estamos hablando de que por hacer las cosas a tú manera casi mueres, joder! —me gritó.

Mis ojos se aguaron al instante, pero mi rostro seguía firme.

—¡Lo lamento! —grito yo, levantándome de la cama y caminando hacia él— ¿Si? —me paro frente a él— Se que fui estúpida, impulsiva e inmadura, pero creí que hacía lo correcto, ¿Okey? Me equivoqué. No me mires como si tú nunca te hubieses equivocado. —mi voz comenzó a quebrarse más—Perdóname. —bajo mi cabeza y dejo que mis lágrimas caigan— Es sólo que estoy tan asustada.

Sentí sus manos acariciar mis caderas, hasta que tiró de ellas y rodeó sus brazos oara abrazarme, apoyando su cabeza en mi vientre.

—Yo me asusté más cuando vi ese lugar en llamas. —habló. Limpié mi nariz con la manga del sueter y con mi otra mano acariciaba su cabello— Me culpe una y otra vez por no haberte detenido, por... Por no haberme dado cuenta que tú irías sin importar lo que diga, porque eres así. —levanta la cabeza—Eres capas de sacrificarte con tal de salvar a alguien que amas.

Mis lágrimas seguían cayendo por mis mejillas involuntariamente.

—Eda, si tú no estás este mundo ya no tiene sentido.

—¿Qué quieres decir? —frunzo el ceño.

—Que si tú te vas yo también me voy.

No dije nada, discutir por eso sería inútil, yo no ganaría.

Antes de que pueda decir algo alguien golpeó la puerta.

—Adelante. —digo y termino de secar mis lágrimas.

—Uhm, siento interrumpir. —dijo Candice abriendo la puerta.

—Descuida. —dije y traté de sonreirle.

—¿Pueden bajar? Eric quiere hablar con todos.

Justin y yo asentimos y ella de fue.

—¿Estás bien? —preguntó acariciando mi mejilla dulcemente.

—Estoy bien. —cojo su mano y la beso— ¿Tú?

—Estoy bien si tú estás bien. —me sonríe.

Ambos bajamos y vimos que estaban todos reunidos en la sala. Eric estaba parado junto con Maya en medio de la sala, justo frente a la chimenea.

—¿Qué sucede? —pregunto confundida.

San Pablo. (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora