—¿Cómo lo sabes? —le pregunto a Jonathan ya que nadie se dignaba a contestarme.
—Me llamó, Eda. Me dijo que estaba aquí.
Caí en la silla y podía jurar que el aire me faltaba. ¡Esa jodida perra está aquí! Lo único que me faltaba, que ella estuviese aquí para arruinar nuestro casamiento, que aún nadie sabía.
—¡Joder! —grito molesta.
—Nena, tranquila. —se agacha a mi lado y toma mi mano izquierda y la besa.
—¿Cómo quieres que esté tranquila, Jonathan? Vino para arruinarlo. —él sabe perfectamente de qué hablo.
—Lo sé, pero no dejaremos que lo haga, nena, tranquila. —se levanta y besa mi frente.
—¿Hay algo más que debamos saber? —pregunta Candice. Es obvio que sabe que algo más pasa.
—No. —responde frío.
Ella me mira a mi esperando una respuesta ya que la de Jona no le importa.
—No, Candice, tranquila. —bajo mi cabeza. Joder, ni siquiera puedo verla a los ojos.
Ella asintió y al parecer lo dejó estar.
Decidí ir a ducharme porque necesitaba refrescarme un poco, había transpirado como cerdo y también necesitaba algo de tiempo a solas para pensar.
Anastasia está aquí y no tardará en aparecer, seguramente hará una aparición sorpresa o incendiara el departamento, esa loca es capas de cualquier cosa. Pero lo peor de todo es que no me aterra el hecho de que quiera hacerme algo a mi, me aterra que se quiera llevar a Jonathan nuevamente -que en realidad es lo que quiere-, pero la cosa sería si lo logra.
Tranquila, O'Brien, piensa que en muy poco tiempo serás la señora Becker, debes estar feliz.
Sí, eso es cierto, debo estar más que feliz.
...
Tomé una fuerte respiración y entré a la tienda. La dependienta me sonrió y me preguntó si necesitaba ayuda en algo (gracias a Dios que habla mi idioma), le indiqué que estaba buscando un vestido blanco no muy casual pero tampoco muy formal. No es una tienda de vestidos de novia, es una tienda muy bella y familiar que vende vestidos confeccionados por ellos, y me pareció perfecto para la ocasión.
—¿Qué te parece este?
Me mostró un vestido blanco largo hasta los tobillos lleno de piedras alrededor. Me pareció algo exagerado.
Luego de negarme a ponerme doce vestidos solté un bufido muy molesta y decepcionada. ¿Cómo es posible que no pueda encontrar un vestido que me agrade?
Entonces una pequeña niña rubia de ojos totalmente verdes se acercó a mi con un vestido en sus manos. Me lo pasó y me regaló una bella sonrisa. Lo observé y me enamoré al instante.
—Es perfecto. —le dije a la pequeña— Gracias, ¿Cuál es tu nombre?
Ella miró a la madre algo confundida y esta le tradució lo que le pregunté.
—Luana. —me contestó la pequeña.
—¿Es tú hija? —le pregunto a la dependienta.
—Si, es mi hija mayor. —me contesta acomodando el cabello de la niña que estaba medio desordenado.
—Es muy hermosa. —sonreí— Oh, lo siento, no se tu nombre.
—Gracias, y soy Bruna. —me de vuelve la sonrisa— ¿Va a casarse? —me pregunta en cuanto ve mi dedo.
—Oh, si, pero queremos hacer algo pequeño.
Ella asiente entendiendo.
Me probé el vestido y sonreí emocionada al verlo puesto en mi.
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San Pablo. (EDITANDO)
FanfictionMentiras. Siempre se trata de eso. Un viaje hará que todo se tumbe boca arriba, pero la historia continúa, siempre continúa. Ella irá en busca de su hermano, también buscará la verdad y su paz, pero quién dice que nadie la buscará a ella. Alguien...
