Capítulo 12. La vuelta.

1.6K 102 17
                                        

Jona había desaparecido toda la semana, nadie quería decirme a dónde había ido pero estaba segura de donde estaba. Con ella.

En toda la semana mi mente solo estaba enfocada en una cosa: Él. Sobre todo en qué haría con todo lo que había sucedido, con el secreto que me había ocultado Candice sobre que él intentó quitarse la vida tras mi secuestro.

Tengo miles de dudas y miles de preguntas para hacerle. Pero no está. Otra vez.

—¿Qué crees que debamos comer? —me habla Candice, pero yo aún seguía bastante distraída— ¡O'Brien! —me grita y yo, agitando mi cabeza la miro.

—¿Qué? —pregunto cuando salgo de mi trance. Estamos paradas en medio del mercado con un carrito en la mano.

—Mañana es año nuevo, Ed. —abre sus ojos grises bien grandes — Concentrate.

—No es por nada, Can, pero realmente no me importa que día sea. —me cruzo de brazos mirando como una pareja está abrazada mientras elijen yogures.

La siento suspirar: —Si lo dices por Jona...

—Lo digo por todo. —digo interrumpiendola.

—Si, tienes razón. ¡Pero venga! Hay que ser positiva, ¿No dicen "Año nuevo vida nueva"? Bueno, ahí tienes. —dice, supongo que intentando motivarme.

Terminamos eligiendo pollo. Ya que seremos pocos y es algo fácil de cocinar, al menos para Candice quien se encargará de la comida. Ha estado hablando toda la mañana con Sussan pidiéndole resetas de cocina para esta noche.

Y luego de que haya terminado de coquetear con el cajero salimos del mercado, pero ni bien lo hicimos nos dimos cuenta de que dos idiotas estaban apoyados sobre el capó de mi coche. Fruncí el ceño y nos acercamos de mala gana.

—Si no quieren que les arroje salsa picante larguense de mi coche, niños. —les digo de mala manera. Aunque ellos se miraron algo extraño, seguro no entienden mi idioma.

Eran dos tios de más o menos unos dieciocho años. Uno de piel morena y el otro pálido, estaban vestidos como callejeros y tenían gorras de equipos de fútbol.

Pero antes de que pudiéramos decirles otra cosa abrieron sus ojos como platos y corrieron lejos de nosotras.

—Eso si que fue extraño. —ríe Candice.

Pero en eso, antes de que puediera reír, siento un chillido proveniente de Candice. Cuando volteo veo que un hombre la está tomando por el cuello mientras la bolsa de los alimentos cae al suelo. Antes de que pudiera sacar el arma de mi chaqueta siento un fuerte golpe en mi mano. Cuando caigo al piso debido a que también me empujaron por la espalda levanto la cabeza y me encuentro con un arma apuntando a mi cabeza.

—Esto es de parte de el señor Morrison. —me dice con un muy mal español.

Pero antes de que el idiota pueda aptetar el gatillo pongo en práctica un truco que me enseñó Carter y giro tirandolo con mi pierna derecha. El tio cae al piso y el otro se alarma intentando sacar su arma, pero entonces me subo encima del hombre que me atacó y tomó el arma que se le cayó apuntandole a la cabeza.

—¡Suelta el arma o lo mato, gilipollas! —le grito al hombre que sostiene a Candice.

Oigo algunos gritos de las personas que estaban a nuestro alrededor y olvido que estamos en el estacionamiento de un mercado.

Pero el hombre debajo mío le dice algo en portugués, entonces este le apunta a Candice en la cabeza, pero antes de que pueda hacer algo le vuelo la suya haciendo que Candice suelte un grito de horror. El hombre debajo mío aprovecha la distracción para moverse y me aparta bruscamente de encima, cuando se levanta veo que le está apuntando a Candice y antes de que pueda hacer algo la aparto con una mano haciendo que esta caiga al piso y me interpongo, y un balazo se escuchó, pero no fue de él si no que de alguien más. La sangre comenzó a expandirse por el suelo y cuando me doy cuenta el tio que casi me mata está en el suelo.

San Pablo. (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora