Mentiras.
Siempre se trata de eso.
Un viaje hará que todo se tumbe boca arriba, pero la historia continúa, siempre continúa.
Ella irá en busca de su hermano, también buscará la verdad y su paz, pero quién dice que nadie la buscará a ella.
Alguien...
Me vestí rápidamente ya que no podía contemplar más mi reflejo. Me aborrecía.
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—¿Eda? —la voz de mi hermano me sobresaltó— ¿Puedo pasar?
—Si... Claro. —sonreí a medias y me senté sobre la cama jugando con mis dedos. Mis manos aún arden.
—Necesito que hablemos. —me dijo mientras tomaba una silla sentándose frente a mi.
—Lo sé. —simplemente dije.
Noté que levantó una mano y la llevó directo a mi mentón para que levante la cabeza. Examinó todo mi rostro negando con la cabeza. Está viendo lo terrible que me veo.
Se quedó en silencio por unos segundos cuando sacó su manos y después de un pesado suspiro habló.
—Te lo advertimos, Ed.
—Lo sé. —y creedme que lo sé.
—Te dije que mis hombres podían ir, ¿Por qué tuviste que ir tú?
Lo miré directamente a los ojos. Tiene los ojos oscuros de nuestro padre. A veces me recuerda a él, pero con la simple diferecia que por dentro no se parece nada a él.
—¿Si hubiera sido Milo el de la foto qué hubieses hecho? — pregunté totalmente seria, mirándolo muy fijo a los ojos.— ¿Crees que Maya no hubiera arriesgado su vida en mi lugar?
—Eda, esto es diferente. —baja su cabeza negando.
—¿Por qué? —ataco.
—¡Porque ella no es tu hija!
Quedo atónita. Lo miro completamente dolida pero trato de no demostrarlo.
—Lárgate. —me levanto de la cama y camino hacia la puerta y la abro— Déjame sola.
—Eda.
—¡Que te largues! —grito.
Él, dudando, se levanta y sale por la puerta, y antes de que pueda decir algo o arrepentirse la cierro con fuerza.
Mis lágrimas vuelven a caer. Me siento totalmente devastada nuevamente.
Me senté sobre la cama abrazando mis rodillas mientras sollozo como una tonta. Cuando golpean la puerta.
—¡Eric te dije que te largues, joder! —grito.
Pero la puerta se abre.
—¡Si que serás cabrón! —le grito y le tiro con una almohada, pero no es Eric quien la toma— Oh. —seco mis lágrimas rápidamente y me enderezo bien— Lo siento, creí... —me callo cuando este me sonríe.