Capítulo 25. Hermano.

1.7K 92 7
                                        

Me vestí luego de haberme dado el baño. Justin me ayudó en todo momento y no me dejó hacer nada por mi sola, y cuando dije "me vestí" quise decir "me vistió" en verdad, y me volvió a colocar el anillo de compromiso en mi dedo.

-¿Segura que puedes caminar? -pregunta mientras me sostiene por la cintura.

-Justin, no estoy inválida. -frunzo el ceño.

-Lo sé, Eda, pero aún estás algo débil. -me gruñe.

Bufo.

-Vale, vale. -de a poco me suelta y me quedo de pie un momento sola. Intento dar un paso pero mis piernas comienzas a flaquear. Joder.

-Será mejor que te lleve en brazos, no podrás bajar la escalera sola. -dice y antes de que pueda rechazarlo me alza en brazos y abre la puerta para salir.

Vuelvo a bufar.

-Nada de eso, señorita. -gruñe.

Bajó las largas escaleras despacio y con cuidado de no tropezar conmigo encima. Con cautela siguió bajando hasta el final, allí fue donde me bajó, pero no me soltó, si no que me tomó de la cintura y me ayudó a caminar de a poco. Por dentro se lo agradecí ya que de verdad estoy débil aún, pero no lo iba a admitir.

-¿Cómo estás? -la pregunta de Candice me invadió antes de que pudiera llegar a donde ellos estaban.

Candice, Brad, Maya, Carter, Troy, Simon y...

-¿Kevin? -pregunto con los ojos bien abiertos.

-¡Panda! -camina hacia mi y me estrecha en sus brazos con mucho cuidado.

-¿Cuándo... Cómo... -no podía terminar ninguna pregunta, estaba atónita.

-Llegué hace un par de días luego de enterarme lo que te había pasado, quería estar aquí con mis hermanos. -palmea el hombro de Justin.

-¿Por qué no fuiste a verme cuando desperté? -fruncí el ceño.

-Porque en ese momento no estaba aquí, había salido, vine en cuanto Brad me llamó. -me sonríe.

-Dios, me alegro tanto de que estés aquí. -le doy un débil abrazo- ¿Cómo están todos allá? ¿Cómo está Gracie?

-Están todos bien y felices de que hayas despertado, Gracie no sabía nada, pero ella está bien y te echa de menos.

Al instante oímos el ruido de una puerta abrirse y cerrarse al instante. Todos nos volteamos y quedamos en completo silencio escuchando como unos pasos se acercaban a la sala.

Las dos puertas color crema se abrieron y él apareció.

-Eric. -murmuro.

Mi hermano se paró en seco mirándome sorprendido y muy quieto. En cambio mis lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas al minuto cero.

Camina hacia mi rápidamente cuando me ve llorar y me toma en sus brazos.

-Joder, eres tú. -dice abrazandome con mucha fuerza- Estás aquí y estás despierta. -me suelta y me toma el rostro con ambas manos para verme bien- Dios, estás hecha toda una mujer.

Sonrío agradecida.

Lloraba de eterna felicidad, no podía creer que al fin estaba abrazabando a mi hermano mayor, a mi único hermano, mi única sangre (aunque no sea la única), este hombre es mi vida.

-Lo lamento tanto. -me dijo algo sollozante.

-¿Por qué? -me aparto un poco para verle.

-Os dejaremos solos. -habló Candice. Miré y vi como todos comenzaban a retirarse, hasta Maya con una agradable sonrisa, y, aunque Justin dudó también se fue junto con los demás.

San Pablo. (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora