Capítulo 32. Rubias y Justicia.

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—Eda, ¿Qué quieres probar con esto? —pregunta, con el ceño totalmente fruncido. No le gusta lo que ve y eso me agrada.

Recordé entonces esa noche en San Francisco, la fiesta que organizaron mis padres.

Aunque no quiero recordar lo tonta que me sentí después de preguntarle si le gustaba así. ¿A caso es posible que sea tan insegura? Creo que sí, después de todo lo que he pasado puede que tenga mucho que ver.

—¿No te gusta? —intento parecer triste.

—Joder, claro que me gusta, pareces una diosa. —me da un corto beso en los labios— Pero no me debes probar nada.

—¿Por qué? —sonrío.

—Porque no lo necesitas, eres mi mujer y no importa lo que las demás tías digan. Para mi eres perfecta.

Eso era lo que quería oír.

—Vale simplemente creí que te gustaban otra clase de mujer. Como las rubias.

—Tú me gustas. —me da otro beso— Y tu cabello moreno siempre me gustó, te veías perfecta con él.

—Vale. —sonrío como tonta— Tienes suerte, porque... —tomo la peluca y comienzo a sacarla soltando mi moreno cabello y, agitando un poco mi cabeza mis rizos caen por mis hombros. Una vez que la saco la arrojo por alguna parte de la habitación.

Él me da una espléndida sonrisa y ríe un poco. Adoro escucharlo reír, no pasa muy seguido.

—Dios, ¿Qué haré contigo? — dice y me coge la cintura con ambas manos y me atrae a su cuerpo.

Me acerco un poco a su boca y miro sus lindos ojos avellana.

—Bésame. —susurro cerca de sus labios.

Sonrió una vez más y me besó, totalmente hambriento.
Tomándome de los muslos me levantó y caminó hacia el otro extremo de la cama. Allí me depositó y se sacó la camiseta despacio, luego siguió por sus pantalones y sacó un condón de uno de los cajones de la cómoda. Lo dejó sobre ella y se acomodó entre mis piernas dejando el peso de su cuerpo sobre mi, obviamente ya estoy acostumbrada. Una vez más besó mis labios y me aferré a su nuca para que no me suelte.

Gemí cuando sentí su dura erección rozar mi feminidad sin parar. Me quiere calentar, y lo está logrando.

Sacó como pudo mi brasier de encaje nuevo y comenzó a besar mi cuello dulcemente, llenándome de besos por doquier.

Cogió uno de mis pezones con sus dientes y lo mordió, solté un chillido con sorpresa y algo de dolor, gruñí molesta y este me mordió una vez más con una sonrisa.

Luego de darme algunos besos más se levantó y me observó un momento.

—Joder, eres perfecta. —dice con la voz ronca y jodidamente sensual. Tomó mis caderas y observó mis bragas un momento hasta que sonrío— Volteate.

—¿Qué? —pregunté confundida.

—Que te pongas de rodillas. —contesta.

—Justin... —pero antes de que pueda intervenir comienza a besar mis muslos hasta adentrarse un poco más.

—Confía en mi, vamos. —entonces bajó mis bragas de un tirón.

Hice lo que me pidió y me puse de rodillas tomándome del cabezal de la cama. Justin me abrazó dulcemente por detrás y me besó el cuello. Mis ojos se cerraron automáticamente debido a sus caricias, y entonces una de sus manos descendió por mi abdomen hasta llegar a mi entrada. Levantamente me acarició, besando mi cuello haciendo que me excite aún más.

San Pablo. (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora