Sentí sus fuertes y fríos brazos sostenerme y pronto me encontré en sus brazos, posiblemente siendo llevada a una habitación. Dudaba que compartieramos la misma habitación, ya que él no dormía. Según me había contado, si se esforzaba lo suficiente, podía hacerlo. Pero eso solo ocurría cuando estaba muy débil, ya que al parecer, la sangre era el elixir que le mantenía con fuerzas y si estaba bien alimentado podía pasar años sin tener que dormir ni unos cuantos minutos.
Por eso mismo no me extrañó en lo absoluto cuando me dejó delicadamente en la cama, arropándome segundos más tarde.
Cerré los ojos con fuerza cuando sentí sus labios presionar mi frente. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no decirle que si me iba a besar, que fuera en los labios. Pero como siempre, el hecho de que fuera un vampiro me lo impedía; si fuera un humano, no le daría ni tiempo para respirar. Pero no lo era, y yo tenía dos opciones, o aprender a vivir con ello o alejarme de él. Y ambas eran igual de dolorosas.
...
Cuando me desperté aún estaba amaneciendo, pero un fuerte olor a tostadas había despertado a mi estómago, y finalmente a mí. Sonreí al pensar que Kyle me estaba preparando el desayuno y no vacilé en levantarme de la cama.
Pero un pequeño detalle hizo que me quedara helada.
No llevaba la ropa que había llevado al acostarme, uno de mis pijamas cubría mi cuerpo, y sabía que yo no me había cambiado de ropa en ningún momento. Debía de estar tan roja como mi pelo.
Me enfrentaría a Kyle por esto, ¡no estábamos en igualdad de condiciones! Él me había visto en ropa interior y... Y yo simplemente deseaba hacer lo mismo. Pero me ahorraría el decirle esa parte, pues intuía que perdería la razón en esta pelea.
— ¡Kyle! —exclamé cuando llegué a la cocina— ¿Qué demonios pasa contigo? No tienes ningún derecho a cambiarme de ropa.
— A mí no me molestó, no te preocupes.
— Pues a mí si, así que la próxima vez, piensatelo dos veces, porque no te lo voy a pasar ni una vez más.
— Elena —pronunció mi nombre con sumo cuidado— ibas a dormir agusto sino era con el pijama, hice lo que sentía que debía de hacer.
— Pues quizá no haya sido lo adecuado. —Le dije. Estaba siendo dura, pero esa era mi intención, hacerle ver que no era tan sumisa.
— Dicen que la intención es lo que cuenta, ¿no? —susurró y se acercó a mí— Además —añadió— no me arrepiento de haberlo hecho.
Abrí los ojos tanto como se me permitía y quise saltar y correr, la emoción había hecho que mi corazón latiera frenéticamente.
— Pues, lamento decirte Kyle, que si vuelves a hacerlo te arrepentirás.—Le amenacé. En sus ojos podía ver un brillo que deduje como la diversión que le suponía. Yo también me estaba divirtiendo.
— No me suelo arrepentir de mis acciones.
Le miré fijamente. Apenas habían unos cuantos centímetros de distancia y aún así necesitaba acortar esta con suma urgencia.
— Creeme que lo harás, Kyle Kest.
Lo siguiente que fui capaz de percibir fueron sus labios sobre los míos, de una manera agresiva, determinante. Nuestras lenguas bailaban, proporcionando el mayor placer que había sentido en un beso. Porque vaya beso.
Guió sus manos por todo mi cuerpo hasta posicionarse en mi cadera, atrayendome más hacia él si es que esto era posible. Fue inevitable que un gemido se escapara de mis labios cuando una de sus manos decidió ir más allá y comenzó a dibujar perfectos círculos en mi trasero. Con mis dos manos me encargaba de acariciar su firme abdomen, y cuando esto me parecía insuficiente volvía a posicionarlas en su nuca, impidiéndole poner distancia entre ambos cuerpos. Mi cuerpo ardía en busca de más, y al parecer, a él le pasaba lo mismo cuando gemía contra mi boca guiandome al cielo inmediatamente.
Quise más, mucho más. Pero él se detuvo cuando sus manos comenzaron a recorrer mi abdomen por debajo de la camiseta del pijama.
— ¡Lo siento, lo siento joder Elena!
— ¿Lo siento? Se supone que no te arrepientes de tus actos.
— ¡No tienes ni idea de que ha podido pasar, si hubiera perdido el control estarías muerta!
— Eres un idiota, Kyle. Un jodido idiota, es mi vida. Déjame en paz.
Ese beso había significado más para mí que para él, eso lo tenía claro. Para mí era abrirme por completo ante alguien, permitirme enamorarme sin miedo, dejar que entrase en mi vida e intentar que no saliera de esta. Pero, al parecer, había sido un mero error para él. Se había dejado llevar y ahora se única excusa era en poner mi vida en peligro.
— Elena, yo...
— Dejalo, Kyle. Tranquilo, no voy a malinterpretar las cosas. —Le interrumpí. Si era listo, me daría mi espacio para recomponer mi orgullo y poder volver a mirarle a la cara sin ver la pena que evidentemente sentía por mí. Era un desastre.
Volví a la habitación, de repente, ya no tenía hambre. Solo náuseas causadas por el vaivén de emociones.
Pero había aprendido un par de cosas.
La primera, jamás debía de haberme enamorado de Kyle, un vampiro.
La segunda y última, aquel vampiro era un excelente besador.
Boom. Beso, beso. AY KYLENA IS REAL.
Tenemos que hablar je.
La mayoría de las preguntas no puedo responderlas, porque sería como haceros spoiler.
Es como si me preguntáis ¿Kyle y Elena terminan juntos? Y os respondo. Os jodería por completo la trama de la novela.
Así que :(
ESTÁS LEYENDO
Dulce asesino
VampireSabía que él acabaría con mi vida, mi mera presencia lo ameritaba. Y quizá, después de todo, no mereciera más que eso; había buscado mi propia muerte al conocerle. Todos nos guiamos por nuestros deseos más internos, y sabía que su único deseo era b...
