Me aferré a mis sabanas mientras un grito se escapaba por mi garganta.
No quería abrir los ojos, me negaba a hacerlo. Me negaba a pensar que todo aquello hubiera sido solo un sueño.
Había soñado con mi madre, pero esta vez, había algo diferente. Ella llevaba su rizado y pelirrojo pelo peinado en un moño con el cual jugaba un pequeño con el pelo negro y los ojos azules. A su lado, descansaba una niña sobre el césped cuyo cabello rojo cubría gran parte del terreno. Y junto a mí, estaba Derek, hablando y sonriendo a Kyle, quienes se reían de mi padre que observaba anonadado a mi madre.
No podía asumir con tanta facilidad que aquello hubiera sido un simple sueño, mas cuando abrí los ojos y la oscuridad de la habitación se apoderó de mí, pude comprenderlo.
Era incapaz de superar la muerte de mi madre, jamás lo olvidaría y hacia mucho tiempo que había asumido este dato. Pero esto no evitaba que doliera.
Sentía un desgarrador dolor en mi pecho, el cual hacía que me retorciera sobre mi misma. Cerré los ojos, este dolor no era causado por algo psicológico. Había alguien al otro lado de la habitación.
Abrí los ojos nuevamente y encendí la luz, encontrándome allí a mi hermano.
— Derek. —Susurré. Él se acercó a mí y sentí como mi corazón dejaba de latir. No, él no.
Sus ojos rojos como la sangre se detuvieron en mí, analizando cada parte de mi cuerpo. Quizá pensando cual sería el lugar correcto para morderme. Su piel, a pesar de ser bastante pálida de por sí, se había reducido varios tonos hasta parecer enfermo. Toda vitalidad se había escapado de su rostro, incluso aquellos labios rosáceos se habían vuelto completamente blancos.
— Ayudame, Elena. Por favor. —Suplicó. Su voz sonaba lejana, como si se encontrara a kilómetros de mí.
Me sobresalté. Abrí los ojos otra vez y comprobé que aquello había formado parte de una pesadilla más.
Miré el reloj, las seis de la mañana. Bufé, me había acostumbrado a despertarme sobre las doce del mediodía, con la emoción de pasar un día más junto a mi vampiro favorito.
Después de una larga ducha me preparé para aquel lunes, que no me resultaba en lo absoluto agradable.
Era uno de los síntomas post-Kyle. Después de estar con él un tiempo, el resto de tu vida te parece absurdo y monótono. Mi única ilusión es que llegaran las ocho y media de la mañana y apareciera en mi puerta, con su deslumbrante sonrisa y pudiera deleitarme del exquisito sabor de sus labios. Aunque, en realidad, todo en él era exquisito, glorioso e inigualable.
Me vestí a tal velocidad que cabía la posibilidad de que me hubiera puesto la ropa al revés, pero nada me importó desde el momento en el que vi su coche aparcado frente a mi casa.
Cogí una manzana, ya tendría tiempo más adelante de comer. Ahora solo necesitaba a Kyle.
Le abracé en cuanto salí de mi casa. Sus brazos cubrieron mi cuerpo y depositó un casto beso en mi frente.
— Tienes ojeras.—Comentó mientras me habría la puerta del coche y él subía por su lado.
— No he dormido bien.
— Yo he estado toda la noche haciendo guardia —Admitió— hay un nuevo vampiro en la zona y al parecer está causando estragos. Sigue un patrón en todos sus asesinatos, mata a la madre y transforma a la hija menor.
No podía ser. Me negaba a aceptar que tal vez mi sueño hubiera sido real.
Derek no podría ser uno de ellos, me negaba a creerlo.
— ¿Le has visto? —Pregunté, fue inevitable que mi voz fallara y él pudiera apreciar la preocupación en mi voz. Pero si lo notó, no dijo nada al respeto.
— No, es prácticamente como un ninja. Pero tranquila, no se va a acercar a ti.
Le sonreí, agradeciéndole en silencio lo que hacía por mí. Pero, aún así, era incapaz de decirle que quizá, y solo quizá, aquel vampiro fuera mi hermano, y que su patrón fuera creado por el trauma de la perdida de mi madre y el odio hacia mí.
Todo encajaba.
Su llamada, la extraña pesadilla que había parecido tan real...
— Hay algo que estoy deseando hacer desde que te he visto. —Admitió, yo me giré para mirarle y antes de que pudiera responderle, su boca comenzaba una batalla contra mis labios.
— ¿Esto era?—susurré.
— Puede que algo más —Admitió acariciando con su mano mi vientre–Pero no puede ser.
— Por poder, puede. —Gruñí.
— En mi coche no.
Rodé los ojos y me bajé del coche una vez llegamos al instituto. Quería darme la vuelta, subir nuevamente al coche y escaparme con él, no importaba a donde.
Pero su firme mano se aferró a la mía y solo me dejé llevar mientras esquivabamos a aquellos que se atrevían a interponerse en el camino de Kyle.
Si solo supieran que con darles un puñetazo les haría polvo, seguramente serían más cautelosos.
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Dulce asesino
VampireSabía que él acabaría con mi vida, mi mera presencia lo ameritaba. Y quizá, después de todo, no mereciera más que eso; había buscado mi propia muerte al conocerle. Todos nos guiamos por nuestros deseos más internos, y sabía que su único deseo era b...
