Oh Derek.

2K 216 24
                                        

— Si, papá. Estamos bien.—Gruñí. Había sido tan inoportuno...

—Vale mi niña, nos vemos el domingo, ¿no?

—Si, por supuesto —respondí—  ¿qué tal Zayra? Espero que estéis siguiendo mis consejos.

— Lo hacemos mi niña —rió—estamos bien. Te echamos de menos.

—Yo también, papá. Te quiero mucho, mañana te llamo, ¿vale?

— Vale cielo, yo también te quiero.

Kyle reía al fondo de la habitación observándome por completo. Quizá pensando en lo que habría ocurrido sino fuera porque mi padre había decidido llamar.

—Vamos a desayunar. —Dijo Kyle, poniéndome nuevamente su camiseta gris. Gruñí, yo no quería poner ropa de por medio, al igual que tampoco quería desayunar. Quería fundirme con él. - He encontrado algo que podemos hacer juntos.

Le miré confundida.

— Ven. —me dijo y nuestras manos se entrelazaron antes de ir a la cocina.

—¿En serio? —reí—Que ideas tienes, Kyle.

Ante mí, una mesa cubierta por vasos de plástico formaban una pirámide. Nos sentamos al rededor de esta y esperé pacientemente a que se explicara.

— Tienes que ir quitando vasos del final sin que se caiga el de arriba.

—¿Cómo se supone que voy a hacer eso? —Pregunté confundida. Él se encogió de hombros y me hizo una seña para que comenzara yo.

No había terminado de quitar el primer vaso cuando ya se había desmoronado la pirámide.

— Es imposible. —Gruñí.

—Inténtalo otra vez. —Me pidió y recogió todos los vasos.

En el segundo intento conseguí quitar dos vasos, pero la pirámide volvió a derrumbarse nuevamente.

—Kyle, ¿es una broma? No puedo hacerlo.

— ¿Te rindes?

—Si, es imposible.

Él sonrió de lado y volvió a formar la pirámide. Sostuvo el vaso de arriba con una de sus manos y con la otra tiró el resto.

—No era tan complicado. —Rió.

—¡Eres un tramposo! —grité—No puedo creerlo.

—No dije que no se pudiera hacer.

—Eres un tramposo, Kest.

— Me encanta que me llames por mi apellido.

— Es feo.

— Bueno, tengo cosas más bonitas que quizá quieras ver....

Me sonrojé inmediatamente y negué con la cabeza mientras reía. Kyle era incorregible.

Los días junto a Kyle fueron bastante efímeros para mi gusto. Y días más tarde, de camino a mi casa, solo quería volver a pasar un día junto a él más. No había pensado en las consecuencias de ir una semana con él, era mucho más doloroso alejarme ahora de él.

—Elena, nos veremos mañana, ¿cuál es el problema?

— Que me he acostumbrado a ti.

—Puedes venir a mi casa cuando quieras -Dijo y me abrazó.

Elevé mi cabeza con la intención de besar su mejilla, pero el giró su rostro estampando sus labios contra los míos. Todos y cada uno de sus besos hacían que perdiera la cordura.
Profundizó el beso posicionando sus brazos al rededor de mis caderas y con sumo cuidado, me posicionó entre él y el volante. No había ni un solo centímetro de separación entre nosotros y lo agradecía. No podía mantenerme alejada de él aunque quisiera.

—Mañana esperame después del instituto —murmuró, separándose unos cuantos milímetros de mis labios.

—Debo ir a trabajar, Kyle. Por mucho que amenaces a la gente no puedo aprovecharme.

—Habías tardado mucho en abordar el tema —protestó—hagamos una cosa, te dejo tranquila entre semana pero los fines de semana eres mía.

Sonreí y asentí aún con mi corazón latiendo frenéticamente. Abrí la puerta del coche y tras darle un último beso me bajé de él.

Toqué el timbre y mientras esperaba me giré para poder deleitarme con el rostro de Kyle una última vez por ese día. Él me analizaba completamente, quizá buscando que me sonrojara.

(...)

— No, papá. —Gruñí mientras preparaba la comida.

— Hija, puedes contarmelo todo, si necesitas un test de embarazo Zayra puede ir a comprarlo.

—¡Papá! —chillé—No hemos hecho nada, nada de nada. Ni se te ocurra pensarlo. —Le amenacé con una cuchara de madera.

— Gael, deja a tu hija.—protestó Zayra situándose a mi lado.

—Necesito prepararme para ser abuelo.

— A no ser que se creen bebés a través de los besos, lo dudo mucho. Pero creeme, si fuera así ya tendrían trillizos, porque cuando estaban en el coche...

¿Cómo lo había visto?

—Bueno, si queréis hablar de esto, empecemos por la parte del bote de lubricante de la basura. Ah, y los envoltorios de los preservativos no se van al tirar de la cadena. —Espeté y retrocedieron unos cuantos pasos hasta finalmente abandonar la cocina.

—¡Cobardes! —Grité y seguí cocinando hasta que mi móvil comenzó a sonar. Rodé los ojos, no sabía donde lo había dejado.

Apagué el fuego y salí de la cocina buscando el móvil, guiandome por la canción It's my life. En el salón no estaba, así que subí las escaleras, tal vez estuviera en mi habitación.
La música dejó de sonar segundos antes de que lo atrapara con mis manos.

El nombre que había en pantalla me dejó petrificada. No me esperaba eso, no sabía si estaba preparada para hablar con él.

Había pasado mucho tiempo, la última vez que le había visto no había sido capaz ni de mirarle a la cara.

Mi hermano Derek quería hablar conmigo. Después de un año separados, no había llamado no una sola vez. No dudé ni un solo segundo antes de apagar mi móvil y volver a la cocina.

¡No aguanto ni un solo segundo más en esta casa! —gritó—¡No veo una salida, me estoy ahogando Elena!

Derek, no hagas esto. No me dejes sola.

Lo siento por ti, pero yo no estoy dispuesto a dejar mi vida de lado.

No tienes por que hacerlo. Protesté. Estaba al borde del llanto.

Adiós, Elena. Espero que no acabes como mamá, no dejes que la rutina se apodere de ti.

Dulce asesinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora