La cafetería cada vez me resultaba más repugnante, incluyendo a la gente que allí trabajaba. Al parecer, todos me habían odiado siempre, oh, y por supuesto, también era una mentirosa que solo intentaba dar pena a aquellos quienes trabajaban conmigo.
Era lo que odiaba y aborrecía de la sociedad, haces algo inesperado que no es del agrado de todos y tan solo por eso eres atacada de mil formas diferentes. Pero no podía importarme menos.
— El jefe quiere verte. —Espetó una de las chicas cuando me acerqué a la barra. Ella había retrocedido tres pasos, analizandome como si tuviera algún tipo de enfermedad sexual que pudiera pegarle con solo estar cerca de ella. Suspiré cansada por su actitud, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar antes de volver a romper una botella, solo que en esta ocasión lo haría en su cráneo.
Dejé mi libreta sobre la barra y me dirigí algo nerviosa hacia el despacho, la última vez había acabado disfrazada de minnie mouse.
Pero, pude apreciar por su rostro que no se trataba de eso. Estaba enfadado, molesto o como mínimo, agobiado. Caminé lentamente hacia la silla frente a su escritorio de caoba para sentarme, entrecerrando las piernas para evitar que viera algo que él no tenía derecho ni a imaginar.
— Me han dicho que quería hablar conmigo. —Dije en un intento por que la conversación comenzara. No estaba dispuesta a perder más tiempo, ambos sabíamos que él no me agradaba en lo absoluto.
— Así es, Elena. Como ha estado de baja durante un mes, tu sueldo va a ser cancelado hasta el mes que viene.
— No puede hacerme eso, por favor —Susurré— no puedo sobrevivir sin este sueldo...
— Ese no es mi problema.
— Por favor, señor, estoy dispuesta a hacer horas extras...
Un sonrisa se formó en sus gruesos labios antes de pasar su repugnante lengua por estos.
— Tal vez puedas hacer algo extra...
Y después de unas cuantas palabras más, accedí a pasarme mañana por la noche por su despacho, para negociar algunos términos de unas ocupaciones que yo no conocía en lo absoluto, pero imaginaba que acabaría limpiando los baños —tanto masculinos como femeninos— que tanto asco daban o trabajando también los sábados y domingos en el horario de noche, él cual ocupaba entre semana.
Mi turno había concluido y me dispuse a ir a mi casa, cambiarme de ropa y esperar a Leila, quien vendría a recogerme. Hubiéramos quedado directamente en su casa, pero ella insistía en conocer a mi padre y antes de que pudiera darme cuenta, conocerle formaba parte de nuestro día de chicas.
Miré a todos lados cuando salí de la cafetería, realmente esperaba verle como la noche anterior y poder disculparme por mis tonterías, porque realmente sentía que debía hacerlo. Él no me había hecho nada malo, había hablado mi algo dolido corazón y no mi cerebro. Así que si, le diría que lo sentía en cuanto tuviera la oportunidad de verle. Había perdido a mi madre de la cual no me despedí por mi orgullo y no permitiría que eso volviera a ocurrir.
Así que, caminé bajo la lluvia, aferrando el paraguas a mi cuerpo con la única intención de que éste no saliera volando y de ser posible, no mojarme en lo absoluto. Pero el viento huracanado que hacía aquel día, provocaba que las gotas llegaran a mí sin poder evitarlo.
Cuando llegué a mi casa Zayra me recibió, con una no muy buena cara que me indicaba que algo malo había pasado, así que antes de que tuviera que pedírselo, ella me lo contó.
— Tu padre se desmayó hoy —comentó, podía notar el dolor en su voz— mañana tiene cita por la mañana e iremos a ver al doctor, ahora está descansando y posiblemente duerma el resto del día, he vuelto a ponerle sus medicinas y a conectarle a la máquina de oxígeno.
Desde hacía un mes, mi vida había comenzado a crear un muro a mi al rededor, un muro construido a base de esperanzas e ilusiones. Y en ese momento, dos nuevos materiales, la negación —no podía aceptar que mi padre empeorara— y la tristeza habían llegado para remplazar aquellos principales materiales que se destruían rápidamente.
Cerré los ojos con fuerza, sintiéndome algo mareada, no quería perder a mi padre, por poco tiempo que pasara con él, seguía siendo la persona más importante y querida en mi vida sin lugar a dudas. Ignoré a Zayra por completo y a su advertencia de que mi padre debía descansar, ella no era absolutamente nadie para prohibirme ver a mi padre.
Pero realmente cuando llegué a la habitación, desee no haberlo hecho. Tiré mi bolso a medida que avanzaba hacía su pálido cuerpo y cuando estuve frente a la cama, simplemente me derrumbé. Caí al suelo, sintiendo que las fuerzas que había adquirido este mes se esfumaban por completo. Estaba peor, podía oírlo en su forma de respirar, o verlo en su pálida tez.
— No me abandones papá... ¡No lo hagas, te lo prohíbo!
Pero él seguía durmiendo. Quería despertarle y gritarle un sin fin de veces que no me abandonara, que era por él por quien me mantenía en pie.
Pero veinte minutos después, comprendí que debía dormir y abandoné la habitación, sintiendo como mi maltrecho corazón se debilitaba y que nada podría curarle.
Me dirigí al baño y me bañé, relajando al máximo mis músculos y permitiendo que las gotas de agua caliente se deslizaran por mi pálida y suave tez. Lavé con cuidado y dedicación mi cabello, despeinando y destruyendo los largos rizos con mis dedos.
Salí de la ducha, sintiéndome un ser despreciable al cual nadie podía apoyar porque nadie sabía el dolor que podía llegar a sentir al notar o pensar que nuevamente alguien me abandonaría.
Va a haber un capítulo por día durante esta semana. Primero, porque sois increíbles y segundo porque estamos subiendo cifras a una velocidad alarmante.
OS QUIEROOOOO.
¿Soy muy cruel con Elena? :(
ESTÁS LEYENDO
Dulce asesino
VampiroSabía que él acabaría con mi vida, mi mera presencia lo ameritaba. Y quizá, después de todo, no mereciera más que eso; había buscado mi propia muerte al conocerle. Todos nos guiamos por nuestros deseos más internos, y sabía que su único deseo era b...
