Dentista.

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Para mí toda la diversión había terminado cuando una de las chicas insistió en sentarse junto a Kyle. Él, que había declinado su invitación amablemente, ahora se encontraba conmigo, furiosa, a su izquierda y a su derecha una morena que insistía en que pasara su brazo por sus hombros, cosa que Kyle se negaba a hacer.

— Oye, guapa —me llamó la chica— creo que sobras.

Abrí los ojos incrédula, contando hasta cien para calmarme. Dos o tres veces me vi obligada a hacerlo.

— ¿Te gusta el dentista? —pregunté.

— No, que rara eres.

— Pues sino te gusta te aconsejo que te alejes de Kyle antes de que te rompa los dientes. —Bramé y la risa de Kyle inundó por completo el cine.

— Tranquila, fiera. —Susurró él en mi oído. Un escalofrío me recorrió por completo y sentí como la tensión del momento se desvanecía. Si él quisiera quedarse a solas con ella, ya lo habría hecho.

Ella se levantó indignada y volvió con sus amigas, quienes me fulminaban con la mirada.

— Perfecto. —Susurré y apoyé mi cabeza en su hombro nuevamente. Era imposible que volviera a disfrutar de la película a estas alturas.

— Elena, tenemos que irnos.—Murmuró y le observe durante unos segundos. Conocía esa expresión, estaba controlándose y posiblemente no pudiera hacerlo por mucho tiempo más.

Agarré firmemente su mano y le ayudé a levantarse, sabía que en estos momentos el evitar seguir sus instintos le petrificaba por completo. Con una brazo cogí las palomitas y el refresco, apoyándolo contra mi pecho.

Cuando pasamos por delante del grupo de víboras, estaban riéndose hasta llorar. Yo lo ignoraba por completo, no quería ser participe de su muerte por ser más tontas que quien peina un calvo.

Kyle soltó mi mano y por un momento me esperé lo peor, hasta que sus manos se enrollaron en mi cintura y me elevó justamente cuando una de ellas pretendía hacerme la zancadilla.

— Víboras. —Gruñí y Kyle volvió a ponerme sobre el suelo, agarrando él las palomitas y el refresco. Aún estaba tenso, podía notarlo, así que le arrastre fuera del cine mientras en la pantalla una chica era mordida por su pareja.

— Aire. —susurró y le guié hacia la salida más cercana, desprendiéndome por el camino de la comida en una basura.

— Kyle, ¿estás mejor? —pregunté. Había una gran distancia entre ambos pero sabía que él lo necesitaba.

— No... No te acerques.

Le miré a los ojos. Ni si quiera las lentillas podían cubrir lo rojos que estaban en ese momento.

Debo decir que en ese momento temí por mi vida. Lo hice hasta tal punto que sentí mis fuerzas flaquear. Si él me mordiera, dejando la suficiente sangre en mí para poder convertirme en uno de ellos, podría perdonarselo algún siglo. Pero si acababa con mi vida, sería él quien nunca se lo perdonaría.

Su cuerpo comenzó a convulsionar, no sabía cómo reaccionar. Me acerqué a él, si para salvarse debía de beber mi sangre, que así fuera. Él me miró fijamente a los ojos y yo le devolví la mirada.

— No voy a hacerlo, Elena. —susurró. Había visto venir mis intenciones.—Solo dame tiempo.

Asentí frustrada y contemplé como con el paso de los minutos sus ojos volvían a ser verdes otra vez.

— Elena... —susurró mientras se acercaba a mí.

— Kyle...

— No tengas miedo, nunca te haría daño.

— No tengo miedo —Le corregí— no te tengo miedo.

Él sonrió levemente y sus brazos rodearon mi cuerpo, envolviéndome en un suave y frío abrazo. Era de admirar el auto control que tenía, pues yo seguramente no sería capaz de resistirme a mi propio instinto.

— ¿Vamos a comer algo? —Preguntó. Yo me separé de él para mirarle fijamente.

— No es gracioso —Le dije.

— No, pero el sonido de tu estómago si lo es, venga, vamos.

Rodé los ojos y ambos caminamos hacia el interior del centro comercial donde se situaba el cine. Esta vez, controlaba con sumo cuidado todas sus reacciones, debía de estar alerta.

Finalmente entramos en un pequeño restaurante donde no hubiera mucha gente, quería y necesitaba distracción para poder abordar el tema.

Nos sentamos en una mesa alejados del resto de personas del local.

— Primero comes y luego interrogas.

Me guiñó un ojo y extendió su mano por encima de la mesa y yo imité su acción, uniendo ambas manos.

— ¿Qué van a pedir? —Preguntó la camarera que llevaba varios minutos dudando si acercarse o no. Miré a Kyle y dejé que pidiera él, total, me importaba más hablar sobre lo ocurrido que comer en esos instantes.
Posiblemente por esa misma razón engullí todo lo que había en mi plato, sin permitirme degustar aquella hamburguesa con sus respectivos condimentos.

— ¿Por qué te has puesto así? —pregunté— Me prometiste que irías a alimentarte.

— Llevaba demasiado tiempo en un espacio cerrado con cientos de personas.—explicó, eludiendo mi reclamo.

— Pasamos mucho tiempo juntos y solo te ha pasado una vez eso.

— Puedo resistirme si eso implica mantenerte con vida.

Sonreí. Era increíble lo que podía hacer un par de palabras cuando las pronunciaba él.

Dulce asesinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora