47 . Nueva compañera.

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Trish.

Me desperté en mi habitación en el búnker, miré el reloj que había en la mesita de noche y descubrí que era el día siguiente, me levanté de mi cama y salí al pasillo, caminé hasta la cocina con la intención de prepararme el desayuno, pero se me congeló el cuerpo cuando empecé a escuchar sonidos provenientes de la cocina, era una especie de música extraña, el ritmo era rápido y los sonidos antinaturales, como producidos por computadora, caminé en silencio hasta llegar a la puerta que separaba el comedor de la cocina, de la cual salían los sonidos, abrí la puerta lentamente.

La cocina era un sitio grande con varias estufas de acero inoxidable que estaban pegadas a largas mesas del mismo material sobre las cuales colgaban diversos instrumentos de cocina, desde cucharones hasta cazuelas y sartenes, la música provenía de un aparato rectangular muy delgado y alargado que solo tenía un botón en la parte inferior de él, tenía una pantalla de cristal táctil que estaba cubierta por una mica de cristal fino, estaba cubierto por una especie de funda negra que cubría todo el aparato salvo la pantalla, las bocinas y el único botón, en la parte de atrás estaba dibujado una caricatura de la chica de las fotos de la habitación en la que se metía Carter, escuché como la puerta de la cocina se abría y una chica delgada de cabello negro y tez blanca entraba, era la misma chica que las fotos y el dibujo, estaba vestida con un pantalón de mezclilla negro, una blusa de seda color azul medianoche sobre la que estaba una sudadera con capucha gris oscuro, tenía en las manos un plato vacío con restos de salsa roja.

- ¿Podrías dejar mí celular? -preguntó señalando el aparato que seguía en mis manos, dejé el aparato en la mesa y se acercó con el plato en las manos y lo depositó en el fregadero, tomó el celular y con unos rápidos movimientos la música dejó de sonar, lo guardó en el bolsillo de su pantalón y me miró- hola, soy Elizabeth, Lucía me envió para ser tu niñera hasta que regrese de Ninguna Parte.

- ¿Tú eres...? -empecé mientras rememoraba lo sucedido en la habitación,

- ¿La Muerte? -completó- sí, lo soy ¿Sorprendida de que lo sea?

-Bueno... -ella sacudió la cabeza con decepción y miró al cielo.

-Vaya mundo en el que se metió Carter -murmuró- por supuesto que La Muerte es mujer, por algo es "La Muerte", si no sería "El Muerte", ¿Qué nunca vieron español en la escuela?, ¿Quién te crees que eres? ¿El autor del libro?

-No...yo -no sabía que decir, una no se encuentra discutiendo sobre gramática con La Muerte todos los días.

-En fin, supongo que tú eres ella -dijo después de suspirar.

- ¿Ella?

- ¿Acaso no sabes nada más que preguntar? -sacó una botella de agua de uno de los refrigeradores y le dio un golpe con el índice, el líquido adquirió un tono café oscuro y ella le dio un largo trago- odio las dimensiones sin té helado.

- ¿Dimensiones?

-Ah, claro, se supone que tú no sabes de eso -me ofreció la botella y yo acepté, le di un sorbo y descubrí que no solo había cambiado el color del agua, sino que también su sabor, Elizabeth sonrió ante mi expresión- lo sé, las bondades de la magia son una maravilla, aunque tu deberías saberlo mejor que nadie, ¿o no?, pequeño ángel de fantasía.

- A qué...

-No voy a hablar de ello, a diferencia de la señorita "Oh mírenme soy genial porque tengo el cabello azul y puedo romper todas las reglas que me salgan de los mismísimos porque soy lo más cercano a una diosa multi-universal que existe y me importa un comino lo que el señor universo diga porque: yolo" yo tengo reglas que seguir a menos que quiera romper la continuidad espacio-tiempo.

-No entiendo nada.

-Tampoco espero que lo hagas, solo necesitaba decirlo en voz alta -admitió.

-Ah... ¿entonces viniste a cuidarme? -pregunté.

-Algo parecido. Vine a evitar que Carter te mate, pero si decides suicidarte o algo por el estilo a mí no me importa ni me concierne, por cierto, tampoco voy a hacer favores del tipo resurrección porque la última vez que lo hice abrí las puertas del cielo, pero eso es una historia a parte.

-Yo...

-Solamente ve a hacer lo que ustedes pequeñas e insoportables usurpadoras de novios suelen hacer cuando su vida está en peligro -ordenó señalando la puerta de la cocina.

Salí de la cocina más confundida de lo que me había sentido en mi vida y me dirigí a mi habitación para ordenar el servicio al cuarto del búnker, miré el calendario y deseé el regreso de Ana y Lucía con más fuerzas que nunca.

Una hora después mientras recogía un pantalón mío del suelo encontré el cristal informático que saqué de la bóveda real y decidí mirar en su interior de una vez por todas.

Diario de un superviviente.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora