12. «Aliado del tiempo»

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Estaban ya a mediados de abril

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Estaban ya a mediados de abril. Jungkook había despertado a eso de las cinco de la mañana o tal vez más temprano; no lo recordaba. El jet lag todavía no salía completamente de su sistema a pesar de que la gira del tour WINGS III en tierras americanas había tenido fin pocos días atrás. Aun con la fatiga, esa prematura mañana se despertó y se puso pensativo, como si recordase algo aplastante para su conciencia.

No supo cuánto tiempo se quedó en ese estado tan íntimo, pensando, llenándose de recuerdos y de sueños. Tuvo un sueño en particular donde una persona tenía el rol de protagonista, además de él. Estaba con Lisa.

Al cabo de lo que pareció toda una vida, escuchó entonces el sonido de una alarma anunciándole que era hora de ejercitarse.

Eran cuarto para las ocho cuando procedió a ducharse después de desayunar. Desconectó del mundo y sin quererlo se adentró de nuevo en sus pensamientos y sus anhelos desmedidos y contraproducentes. Había algo que lo tenía en una tortura: el silencio de Lisa y su incertidumbre.

Aquella noche que se vieron la primera vez había comprendido bien su juego, tanto que se resignó a pedirle su número de móvil a su compañera Chaeyoung, alegando que se le había olvidado decírselo. Desde ese día contactó con ella hasta convertir sus acciones en un hábito. Entendió que debía ser perseverante, pero todavía podía sentir que, pese a haber sido concedido de una amistad no pedida, Lisa seguía poniendo alguna barrera entre los dos.

Pensó de nueva cuenta en esa noche. Lisa no le había dejado entrever una clara actitud sobre su declaración, una que había sido lejos de planeada. Ni siquiera planeó hablarle de sus sentimientos ese día o no al menos de esa forma. Todo sucedió casi accidentalmente. Pensó que lo haría en una ocasión diferente, cuando su relación con ella fuese más cercana o menos hermética.

Y aunque no la entendía, de cualquier manera su silencio era razonable. 

Lisa no quería dar pasos en falso.

Así pues, luchando contra la desesperación y desilusión que crecían despacio en su pecho, se propuso no llegar a más conclusiones. No era bueno precipitarse.

Esa noche, contrario a la anterior, las gotas de lluvia golpeaban fuerte por arriba de ellos en su garito romántico. Una vez vieron que el cielo se transformó a lluvia, creyeron que salir ese día no había sido una brillante idea. Estaban situados en ese mismo asiento de madera. Lisa, junto a él, se hizo por instinto a su cuerpo y observó el cielo oscuro por debajo de la sombrilla. Quedaron así profundamente... juntos, para su sorpresa. Como no le vio ningún indicio de que se apartaría pronto, Jungkook decretó que la chica no se había dado cuenta de lo que estaba haciendo.

Aunque no se iba a quejar.

Le encantaba estar a su lado y contemplar todas sus reacciones, sus ojos grandes y ardientes, su encantadora sonrisa y, sobre todo, aquellas mejillas regordetas que se le coloreaban de un color tomate al estar nerviosa o al sonreír. ¡Cuánto tenía la tentación de morderlas! De siquiera, tocarla...

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