11. «Bajo la luz de estrellas»

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¿Acaso era un error o una mala interpretación lo que había oído? ¿O es que estaba soñando?

No, no lo estaba.

Era cierto.

Jungkook le había dicho que le gustaba y de una forma que no habría esperado jamás.

—¿Sería mucho pedir que no hicieras eso?

Lisa cambió la dirección de su cabeza para verlo sólo un momento.

—¿Hacer el qué?

—Eso... —dijo Jungkook y se quitó el beanie color miel mientras acicalaba su pelo con algo de inquietud—, pasearte una y otra vez delante de mí.

¿Qué había con eso? Nada, no, no había nada de malo, así que continuó aquella sucesión de pasos que ya había durado varios minutos.

Estaba alterada. A lo mejor soltó una palabra o frase en otro idioma porque lo que observó después fue que Jungkook fruncía la frente, acentuando la ansiedad en su rostro.

—Lisa, de verdad necesito que pares porque me estás poniendo muy nervioso.

—Pero ¿por qué? Sólo estoy caminando.

—Sí, pero lo estás haciendo muy cerca de la orilla.

—¡No me digas que te dan miedo las alturas!

A ella no le producía miedo rozar el término de aquella azotea, aunque el precipicio no estuviese muy lejos. Asomó la cabeza lo prudente y midió la distancia que la separaba del suelo. Cuantiosa era la palabra. Se hallaban a una altura muy grande, pero no tan grande como para que Jungkook sintiera aquel pánico.

—No me dan miedo las alturas —señaló él e hizo mucho énfasis para que esto le quedara claro—, lo que pasa es que no me gusta cuando no le tienen respeto a la muerte o cuando alguien hace cualquier cosa que afecte su integridad física.

Lalice echó una distorsionada risa y entonces cruzó las piernas al caminar e imitó encontrarse en una pasarela y no a unos miserables quince centímetros del sitio que podría matarla de un mal paso o, ya con mucha suerte, sólo tenderla en una camilla por meses con las piernas rotas y otro tanto más de huesos astillados y hematomas de un rojo rosado.

—Lisa, estoy muy seguro de que eres una chica que no le teme al peligro —volvió a hablarle—, pero no necesitas demostrar lo temeraria que puedes ser, así que, te pido por favor, que dejes de caminar así.

—Es que no entiendo por qué esto habría de ponerte nervioso si solamente estoy tratando de refrescarme y... pensar—. Era lo que estaba haciendo pues no podía pensar quedándose quieta. Su hiperactividad le reclamaba ser así—. No va a pasarme nada malo, no soy una nena ya. Sé cuidarme. Deberías ser un poco más... 

La calló, de golpe. Ella no se lo esperaba. Su cuerpo, en un tris, se viró con fuerza para impactarse en el pecho de Jungkook, que la enredó con sus manos cuando la sujetó por la cintura. Sus rostros quedaron a una distancia muy pequeña. Lisa pensó que sus cuerpos no tan desproporcionados en estatura hacían un divino ensamble. Su cuerpo clasificado por muchos como muy delgado no le afectó en nada puesto que Jungkook simulaba estar preparado para sujetarle así. No hacía falta ni estorbaba espacio entre ellos. Juntos, por poco abrazados; retenidos por el soso parpadeo de sus ojos y el cambio de sus labios entreabiertos que reflejaban a sus agitadas respiraciones. Ambos estaban nerviosos. Lograba sentirlo, y no necesitaba coger un estetoscopio, presionar sobre su carótida o posar su mano en su pecho para conocer el ritmo de su corazón. Ella sabía lo nervioso que estaba por la manera en que sus manos se aferraban a su cintura. Concentraba todas sus emociones en esa parte de su cuerpo. En la discoteca lo había notado y en el servicio del restaurante también. Tenía esa costumbre cuando no estaba en una situación placentera. Ella le ponía de los nervios.

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