8. «Mi lindo admirador»

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Lisa no supo cómo reaccionar

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Lisa no supo cómo reaccionar.

Se congeló de tan sólo pensarlo porque no tenía ni la más remota idea de cómo iniciar una conversación con él después de la extraña situación que estaba ocurriendo entre los dos. 

Jamás habían sido cercanos, no llegaban ni a buenos colegas. Es más, en algunas ocasiones, Lisa llegó a pensar que a Jungkook no le agradaba debido a su limitada manera de hablarle. El aire podía cortarse con un cuchillo por la tensión que se formaba cuando intercambiaban escasas dos o tres palabras en los pasillos de algún canal o los camerinos de sus grupos.

Los encuentros en los programas no era nada distinto. Siempre habían intentado convivir sólo lo necesario. Muchas veces ella llegó a preguntarse si los demás no notarían que había algo de incomodidad y hasta alguna clase de rispidez entre ellos. Nadie le había comentado nada, pero sus compañeras (con más hincapié Jisoo) siempre la molestaban diciéndole que debería de ser más abierta. Jisoo era considerada por todas como la más cercana a los chicos.

Sin embargo, aunque Jungkook parecía no tener tema de conversación con ella, siempre existió esa pequeña parte que a Lisa le hacía sentirse confundida, y esta era que, cuando todo mundo se distraía, él la miraba. Podía sentir su mirada incluso sin fijarse. Jungkook sabía cuándo y cómo observarla para que nadie lo descubriera.

Obviamente, ella jamás se sintió bien con esto, pero estaba segura de que nunca se atrevería a decirle que no la mirara así. Su cercanía le incomodaba mucho más que a él y, además, la ponía muy nerviosa.

Para Lalisa lo que estaba pasando era pues algo más allá de lo absurdo. ¿Por qué Jungkook querría hablar con ella si antes nunca lo había hecho? Primero sucedía lo de la noche del pub, luego estaba el que se quedaron atrapados en los interiores de un servicio y después pasaba que le regalaba algo semejante a lo que su padre se había propuesto darle en su despedida de Tailandia. No comprendía nada. No comprendía por qué Jungkook estaba interfiriendo en su vida tan de pronto.

Lo más desagradable del gran problema que tenía en sus manos era que sentía una pequeña emoción. Era algo que subía desde su estómago y se colaba por un diminuto resquicio de su corazón bobo, dejándola desamparada ante el efecto de ese chico.

—¡Jungkook ssi! ¿Por qué no ha dicho que era usted? Podríamos habernos ahorrado todo este lío.

De nuevo, al contrario de ella, Rosé se vio muy divertida con lo que se desarrollaba esa tarde noche en su habitación, tanto que había alcanzado los auriculares que conservaba en la repisa para colgarse uno y escuchar lo que Jungkook tuviera que decir. Lisa tuvo la duda de seguir su acción, pero comprendió que la situación se tornaría más penosa para todos si se mantenía al margen. 

Así que, recostadas en la cama de su amiga mientras esta subía el selfie stick, ambas enfocaron su mirada en el gesto dubitativo de Jungkook. Allí, la maknae se topó cruelmente con sus ojos penetrantes, limpios y transparentes. 

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