36. «A prueba de balas»

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Cuando Rosé le contó que ella y Jennie habían estado en vela esperando a que Jisoo regresara después de salir de su cuarto a hurtadillas con dirección incierta, Lisa lo entendió todo. Ese prendedor pertenecía a Jisoo.

En cuanto advirtió esta gravedad, la sangre se le heló y su corazón se volcó en una impetuosidad de latidos cardíacos. Probablemente se convirtió en pálida al completar las sospechas y unir todas las verdades en su mente, pero mantuvo la confidencialidad de ese secreto para ella misma a pesar del descubrimiento. No le dijo nada a Rosé sobre lo que estaba pasando. Que Jisoo confirmara que a ella pertenecía el prendedor que encontró tirado fue el colmo. Esta explicó que había salido a tomar aire y que sólo se dio cuenta de que había extraviado su prendedor luego de mucho.

Sin certeza acerca de ninguna cosa, mientras pasaba esa nueva mañana, Lisa no dejó de preguntarse la razón por la cual había tenido que descubrir que su amiga estaba viéndose en secreto con alguien. De hecho, siguió pensando sobre lo mismo durante el desayuno. ¿Quién sería esa persona? ¿Tal vez... uno de los miembros de Bangtan? ¡Por Dios! ¡Era tan posible que se horrorizó!

Decidió no pensar en ese tema. Había algo que requería más de sus pensamientos.

Debido a que otra tempestad se presentó a primera hora de la mañana, ahora todos estaban en una situación dilemática. Las emisoras de radio y plataformas digitales de Chungcheongnam habían informado que no era aconsejable viajar por las carreteras por el grado de peligrosidad que habría con la humedad y los fuertes vientos. Estaban atascados en el hotel hasta nuevo aviso y, como todo continuara así, existía la posibilidad de que las grabaciones acabasen interrumpiéndose de modo permanente. Ellas, las chicas de YG, ya se habían apuntado para la función estelar del espectáculo de danza contemporánea que estaba programada para las cinco de la tarde en el teatro del hotel, pero Lisa aún no se sentía del todo relajada. Los motivos para su intranquilidad eran los siguientes:

1) no estaba sola en ese sitio. 

2) estaba lejos de la que era su casa en Seúl.

3) hacía frío.

4) había un vacío en su pecho desde que se despidió de Jungkook hacía unas horas. 

¡Unas horas! ¿Por qué parecía más tiempo? Ni siquiera podía extrañarlo como quería... Debía aparentar que todo estaba bien y que no lo necesitaba.

Cuando sus compañeros bajaron a tomar el desayuno sin su presencia, su corazón se formó un puño. Quiso saber dónde estaba. ¿Acaso estaba indispuesto o cansado? ¿Era eso? Sería comprensible... Durante la noche se habían cumplido sus caprichos bañados de sensualidad, haciéndose uno.

Avergonzada, se rio con ella. Resistió la intención, pero al fin cerró los ojos lentamente y recordó entonces sus hermosas vivencias, sus hermosos recuerdos que eran la única cosa que la acompañaban en ese momento al desear que Jungkook apareciera delante de sus ojos y la estrujara en un gran abrazo mientras le daba un besito de los buenos días. Su corazón palpitó rápido al evocar el sonido dulce de su voz, además de sus besos. No había duda. Se habían entregado a sus sentimientos y ella había vuelto a nacer cuando él le hizo el amor. Era una nueva persona.

—No te preocupes —interrumpió Rosé su sueño despierto con un tono burlón—. Tu príncipe llegará pronto. No desesperes.

Vaya, qué transparente era su corazón.

—No estoy pensando en él —dijo su última carta, que era lógico que de nada le iba a servir. 

Restó valor a sus planes fallidos y trató de respirar con menos emoción.

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