Capítulo 13

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Estaba amaneciendo.

Los rayos del sol se dejaban ver por las ventanas de la casa de Lapis, la primera en despertar fue ella. Abrió lentamente los ojos, quiso moverse, pero Peridot estaba sobre ella.

La observó, lucía muy tierna cuando dormía. Podía acostumbrarse a eso. La rubia había aceptado la noche anterior. Fue la joven de ojos verdes quien declaró primero lo que sentía, y Lapis recordaba todas y cada una de sus palabras.

"Sabía que algo me ocurría contigo. Cada día que te veía una gran alegría venía a mí, una sensación linda y cálida. Eres una luz en la oscuridad que me rodea, eres algo bueno entre todo lo malo que pasa. Cada que estoy contigo tengo la necesidad de hacerte reír, porque, adoro tu risa. Necesito cuidarte porque no quiero que nada te pase, quiero perderme aún más en tu mirada, enamorarme más de tu personalidad. Quiero compartir momentos increíbles contigo, conocer tu universo, que conozcas mi universo. Quiero todo contigo. Te amo, Lapis Lazuli".

La peliazul se ruborizó al recordar eso, era tan perfecto. Fantástico, diferente, sensacional.

La noche anterior habían conversado mucho sobre lo que sentían, sobre lo que pasaría. Lo que harían, pero lo único que sabían con certeza, era que querían estar juntas. Intentar algo, o intentar todo.

La peliazul observó a la rubia mientras dormía, se veía adorable, tenía los lentes en la mano. Lapis se los quitó y los dejó en la mesita, revisó la hora en su teléfono.

7:54 a.m.

Aún era temprano y según tenía entendido, ellas no harían ningún trabajo. Pensó en preparar algo para desayunar, al revisar la cocina encontró harina para hotcakes, en su refrigerador estaba lo demás que necesitaría. Pero se percató de que pronto debía ir al supermercado.

Tomó una vasija y vertió la harina, los huevos y la leche, y lo mezcló hasta que los grumos desaparecieron. Luego, buscó un pequeño sartén, poco después terminó de prepararlos. Encendió la cafetera y fue rápidamente al baño para lavarse la cara, cuando bajó de nuevo observó a la rubia.

Peridot aún no despertaba, así que Lapis tenía que hacer algo, quería desayunar con ella. Lentamente se acercó al sofá y se agachó para quedar muy cerca de la rubia.

—Peridot —susurró, acariciando su cabello—. Peridot... ¡Peridot!

La chica se despertó asustada, se levantó de golpe. Lapis empezó a reír, de inmediato Peridot identificó su "risa de cerdito", la miró sonriendo.

—Pudiste despertarme con un beso —se talló los ojos bostezando.

—No hubiera sido tan divertido.

— ¿Ah, no? — ió, la peliazul se avergonzó un poco—. ¿Te sientes mejor?

—Ahora que lo dices, sí, me siento mucho mejor —sonrió levemente—. Toma —le dio sus lentes.

—Gracias.

—¿Vienes a desayunar?

—¿Preparaste algo? —se levantó del sofá.

Lapis asintió y se puso de pie, y empezó a avanzar. La rubia la detuvo tomando su mano.

—Buenos días, por cierto —se puso de puntas para darle un pequeño beso en la mejilla.

Lapis sonrió tiernamente por el acto.

—Vamos, Peridot.

Mientras desayunaban se miraban constantemente, sonreían. Ellas ya estaban acostumbradas a pasar tiempo juntas, pero ahora era diferente. Sabían lo que sentía una por la otra.

Hazme sentir | LapidotHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora