Capítulo 11

702 70 51
                                        

Será algo simple, o al menos yo así lo veo... sólo será por poco tiempo, y lograremos lo que más queremos...

La rubia no podía dormir, daba vueltas en la cama, llevaba mucho tiempo así.

—¿Qué me sucede? —se quejó—. Aghh —rodó nuevamente.

Miró su teléfono, el cual se encontraba en un mueble junto a su cama.

3:15 a.m.

—Genial, Peridot.

Miró hacia el techo, se sentía extraña. Algo la estaba estresando, preocupando. Había hecho algo de lo que no estaba segura, y ya no había marcha atrás. Pensaba que estaba haciendo mal, que estaba cometiendo un error, algo de lo que se arrepentiría. Necesitaba hablar con alguien, quería un consejo.

Se levantó de la cama, tomó sus lentes y se los puso de camino a la sala. Prendió el televisor para no sentirse tan sola, dejó un documental sobre animales en el continente africano. Tomó su teléfono y revisó algunas redes sociales, no había nada que llamara su atención.

Suspiró.

Fue a los contactos y buscó entre algunos nombres.

Amanda.

Llamó al contacto, esperó unos segundos a que aceptaran la llamada.

—¿Hola?

—Diga —la persona se escuchaba cansada.

—Soy Peridot.

—Peridot, mi vida —suspiró—. ¿Cómo estás?

—Bien, estoy bien... pero, necesito hablar contigo, mamá. Necesito contarte algo.

—Está bien, sabes que puedes decirme lo que quieras.

—Gracias, en serio.

—Entonces, ¿de qué se trata?




____________________________________




La rubia abrió los ojos de golpe.

—¡Peridot! ¿Estás ahí? —escuchó la voz de Lapis—. ¡Ya es tarde!

—Rayos, no, no...

Se había quedado dormida, tomó su teléfono, lo desbloqueó para ver la hora.

9:37 a.m.

Tenía que haber salido de su casa al rededor de una media hora antes. Se levantó rápidamente del sofá y fue a abrir la puerta.

—¡Lo siento! —la jaló del brazo haciendo que entrara a la casa, cerró la puerta—. Me quedé dormida.

—Sí, ya lo noté.

—Perdóname —dijo apenada—. No pasará otra vez.

—Deja de hablar y ve a arreglarte, yo te espero aquí.

—Sí —fue corriendo hasta su habitación.

Ya era tarde para tomar una ducha, así que sólo se cambió de ropa. Fue al baño para lavarse la cara, se puso nuevamente los lentes. Se colocó los zapatos de mala manera y bajó corriendo las escaleras.

—Oye, tus cintas, vas a...

La rubia se tropezó y gritó, Lapis intentó sujetarla pero terminó cayendo junto con ella. La peliazul miró a la rubia, esta emitió un "lo siento" en voz baja. Lapis se levantó algo adolorida, miró nuevamente a Peridot.

—Tus cintas.

Peridot sonrió nerviosa, Lapis miró a otro lado, parecía estar molesta o al menos disgustada. La joven de ojos verdes ató bien las cintas de sus zapatos, fue por su mochila.

Hazme sentir | LapidotHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora