Capítulo 21

531 57 26
                                        

—¡Traje la comida! —la rubia entró a la casa de la peliazul, cerró la puerta y se abrió paso a la cocina—. ¿Lapis?

—Aquí estoy —bajó con rapidez las escaleras, se acercó el comedor—. ¿Qué compraste?

—Comida china —sonrió.

—Genial, pero espero que no hayas comprado de eso que es muy agridulce —rió—. En serio.

—Ah... yo puedo comerme eso...

—Bien, iré por platos y vasos.

—De acuerdo.

La peliazul colocó todo sobre la mesa, regresó con la jarra de limonada. Luego de servirla se sentó frente a la rubia, no tardaron en empezar a comer.

—Lapis.

—Dime.

—Estaba pensando... —acomodó con pena sus lentes—, en que estamos juntas todo el tiempo, desde hace mucho tiempo... también dormimos juntas a veces, pero no sé...

—¿Qué? —bebió de la limonada.

—No tiene caso que nos la pasemos en mi casa y en la tuya, deberíamos...

—¿Vivir juntas?

—Sí, ¿no te gustaría? —sonrió.

—Claro, pero... —suspiró—, nadie sabe de nuestra relación y de verdad me asusta que alguien se entere. ¿Recuerdas cuando mi hermana vino a visitarme y estabas aquí?

—Oh, sí lo recuerdo...

—Se le hizo raro, y no lo sé —la miró con angustia—. No sé qué haría mi mamá si se enterara, o Yellow...

—Sí —dio un suspiro—. También lo he pensado, un par de veces...

—Amaría poder vivir contigo, y sé que sí sería genial, prácticamente lo hago —sonrió—. No podría estar sin tu compañía, y me gustaría poder decírselos y que lo tomaran bien, pero no creo que eso pase...

—Sí, pero ya pensaremos en algo —sonrió—. ¿No?

Lapis asintió con una leve sonrisa en el rostro.

—Bien, como ya terminamos de comer, vamos a la sala —se puso de pie—. Te tengo una sorpresa.

—¿Una sorpresa?

—Sí —tomó la mano de Lapis y la llevó hasta la sala, se sentó junto a ella en el sofá—. Pero cierra los ojos.

—¿Es necesario? —rió.

—No tanto, pero es para que sea más especial.

—Okay...

La joven de ojos verdes sacó una pequeña caja de la mochila que estaba a lado del sofá, se aseguró de sostenerla bien frente a la peliazul, con una gran sonrisa en su rostro.

—Puedes abrir los ojos.

—Bien —observó a Peridot, luego miró la cajita confundida.

La rubia abrió la caja, dejando ver lo que tenía dentro.

Un anillo.

El corazón de Lapis empezó a acelerarse conforme a su mente de confundía más. ¿Por qué un anillo? ¿Y qué representaba?

—Lo compré cuando estuviste fuera —lo sacó—. Me gustó mucho y quise regalártelo —sonrió con ternura.

—Vaya... —suspiró—. Es... muy bonito, pero no merezco regalos —rió.

Hazme sentir | LapidotHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora