El sol ni siquiera había salido cuando ella llegó a la ciudad. Las luces nocturnas de las calles seguían prendidas, por lo que guiaban su paso sombrío y firme. Al fin llegó a un complejo de apartamentos algo lujosos. Ni siquiera tuvo que llamar a la puerta cuando esta se abrió. Al terminar de subir por las escaleras, la única gran puerta entreabierta le dio la clara señal de que ahí debía dirigirse.
-¿Un poco de leche y galletas?- preguntó Dagur, ni bien ella entró con cautela al lugar. La sala de estar y la cocina estaban en la misma enorme habitación. Y, desde el otro lado, el pelirrojo vestía un ridículo pijama, totalmente somnoliento. Heather frunció el ceño. – Más para mi.- se encogió de hombros.
-¿Qué está pasando?- Dagur mordió una galleta con flojera, mirándola sin mucho interés. Los minutos parecieron eternos, hasta que por fin él se dignó en tragar.
-¿La verdad? No lo sé. Tampoco me importa. – resumió. Heather enarcó una ceja. Antes de que ella pudiera comenzar a inventar un nuevo diccionario de insultos, Dagur siguió.- Escucha, her...Heather.- se contuvo. No tenía ganas de pelear a las... ¿Cinco de la mañana? – Con todo lo ocurrido, yo creo que los Haddock tienen que pagar. – lo dijo como si fuera una verdad absoluta, inequívoca y pura. Ella no respondió nada.- Solo me asocié con este lunático porque, diablos. Es un genio. Loco. Pero genio al fin. Si él nos ayuda a derrotar a Hiccup y su familia, recobrar algo de dignidad y volver a la cumbre, no me importa el resto.
Él tomó otro sorbo de leche acompañado de una nueva galleta. La de cabello negro se dio cuenta, por el rabillo del ojo, que no muy lejos de donde ella se encontraba un perro algo bajito y gordinflón dormía sobre el lujoso sillón de la sala. No supo cómo interpretar aquello.
-¿Qué es lo que sabes?- preguntó ella aun sin fiarse.
-No mucho.- se encogió de hombros.- Solo que es todo una locura de la que tu y yo saldremos victoriosos.
-Explica eso.- Dagur llevó su mirada hacia donde su hermana apuntaba. Y como si algo de "vergüenza" le invadiera, se hizo el desentendido.
-¿Qué? Me agrada. – se justificó.- tú me abandonaste, el resto no me cae tan bien, y la soledad aburre. – dicho eso se escudó detrás de su vaso a medio llenar y caminó en otra dirección, apenas iluminado por las lujosas luces del lugar. Heather no se fiaba. Luego de todo lo ocurrido no podría hacerlo tan fácilmente. Pero ver aquel perro durmiendo y roncando como un oso en el enorme sillón le dio un poco de esperanza. Quizás había una oportunidad de cambio.
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Luego de dos horas de viaje con la radio pasando solo penosas entrevistas con voces apagadas, Jack comenzó a quedarse dormido en el asiento del copiloto, al igual que Pascal, el cual se acurrucaba en el interior de uno de los bolsillos de su ropa. Hiccup se mantenía callado, con la mirada al frente, siempre mirando por el retrovisor. Luego de tantas cosas pasadas, ahora no podía dejar de cerciorarse de que estaban a salvo. A las dos horas y media de comenzado el viaje, Jack se rindió. No podía dormir. Sin quererlo, la adrenalina y la taza de café que había tomado lo obligaban a mantenerlo despierto.
-Y...- comenzó a hablar.- Linda noche, no?- que comentario tan estúpido. ¿Podrían culparlo? ¡No! Estando en el medio de la carretera, ambos solos en el automóvil y con el silencio de la noche sobre ellos, la radio no era cuenta de nada. Hiccup guió su vista furtivamente hacia Mérida y Jim. No parecían estar cansados. Bueno, al menos no Mérida.
-Sí.- respondió algo seco. Jack frunció un poco el entrecejo.
-Aster va a estar rabioso.- afirmó. Era más una observación para sí mismo que para Hiccup.
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Mafia
Fanfiction"Cuentan las lenguas que no hay mal que pueda ganar, cuando cuatro corazones honestos luchan a la par. Se dice que estos son capaces de conceder milagros, gracias a la bendición de la Luna, madre de los mares y joya del cielo nocturno... Y el Sol, p...
