038| Marioneta.

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  Para ellos será un dios —Superman.  

—Diana, despierta.

Exhalé un profundo gruñido que arañó mi desprevenida garganta. La pesadez patente en cada recoveco de mi cabeza se extendió con fuerza cuando los hilos del sueño comenzaron a fragmentarse. Traté de moverme, fracasando de manera estrepitosa, consciente del dolor muscular que reptaba por mi sistema.

Durante unos instantes olvidé la situación en la que me encontraba sumida, desterrada a una convulsa ensoñación donde rememoraba distendidamente recuerdos.

—Diana —repitió aquella voz que chocaba en mi estado— vamos, princesa, despierta.

A duras penas logré separar los párpados, tan pesados como dos losas de cemente, al mismo tiempo que entreabría los labios.

—¿Flynn?

Una risa ronca terminó de expulsarme a la precaria situación que vivía.

—Lamento la decepción —la socarrona respuesta salió disparada de los labios retorcidos del chico que se encontraba al otro lado de los barrotes— Será mejor que comas algo, o al menos bebe, si no quieres que esta habitación sea lo último que veas.

Presioné los ojos con fuerza antes de aventurarme a abrirlos por completo y fijar mi atención en la silueta que se deslizaba sin producir el más mínimo ruido. La intensidad y frialdad que emanaba de sus ojos dicolor volvió a retorcerme las entrañas con la angustia y el miedo.

Sobreponiéndome a todo aquello me incorporé con lentitud, tratando de no mostrar el menor signo de debilidad que despertara la inmediata satisfacción del individuo que me retenía en aquel mismo lugar.

—Me resulta demasiado retorcido de que seas tú quien pronuncie esas palabras —repuse con la firmeza volcándose en mi tono— Teniendo en cuenta que no dejas de reiterar en mi muerte. A tus manos.

Dark Claw o, quizás mejor dicho, Brett, apoyó la frente sobre el sucio y carcomido metal dejando que una sonrisa se trazara en sus labios.

—Exactamente por eso, Diana —ronroneó alargando el brazo y dejando caer un recipiente con una masa viscosa— quiero tener el placer de matarte, y para ello debo mantenerte viva hasta que tu destino llegue a su fin. Y dadas las circunstancias actuales quizás se adelante más de lo necesario.

Elevé las cejas ante aquella última oración, pero refrené con cautela mi curiosidad, manteniendo los labios sellados.

Ignoré el alimento, sentándome al extremo contrario del reducido espacio que tenía disponible, sin despegar mi mirada de la suya. Brett me lanzó una mirada divertida.

—¿Quieres decir que vas a ponerte de huelga de hambre? Lamento decepcionarte, pero si no comes voluntariamente será demasiado fácil obligarte a hacerlo —moduló con un fingido tono cariñoso.

No contesté, me limité a sostenerle la mirada en un prolongado reto de tozudez que ninguno de los dos gano ante el ruido inundando el imperturbable silencio de la sala.

—Brett, no pierdas más el tiempo, necesito que sigas con la misión en los términos establecidos —la voz escapó de lo que parecía un altavoz situado en un lateral de la pared. Me pregunta si también disponía de un sistema de cámaras de vigilancia que no había advertido antes— Ya nos ocuparemos de ella más tarde.

El aludido asintió en silencio y se inclinó, quedando de cuclillas frente a los barrotes, disminuyendo de alguna manera el trecho que nos distanciaba.

—Come.

No pude evitar el pasmo que esa simple palabra, compuesta de cuatro letras, tan corriente y poco destacable, desencadenó en mi interior. Tal vez debido al tono con el que le pronunció, sin rastro de amenaza u orden latente en él, orientándose mejor hacia un consejo sincero.

Ruby Tiger [✓].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora