Como un gilipollas. (48)

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Lucía.

Bueno, ya ha llegado el verano.

Mi último verano en Sevilla.

Voy a echar de menos el ambiente de por aquí, la gente, el acento, todo.

Hoy he quedado con Jules para irnos a comer con nuestras madres.

Diréis, qué infantiles.

Pues no, vamos a celebrar que hemos acabado bien el curso.

Ya estamos listas, sólo nos falta llegar a la casa de al lado.

Será la madre de Julieta, Janette, quien conduzca hoy.

Al salir de casa nos las encontramos ya esperando dentro del coche.

Entramos al coche y acto seguido, Janette se encamina al restaurante.

-Dios, aquí no- musito triste.

Hemos ido a parar al japonés al que fui con Jesús la primera vez que estuvimos juntos.

-Qué pasa? Te encanta el japonés- pregunta mi madre.

-Aquí fue mi primera cita con Jesús- respondo cabizbaja.

-Oh, vamos, no creo que comer aquí sea para tanto- comenta Janette.

-Vamos a entrar, verás como lo pasamos genial- me intenta animar Julieta.

-Bueno, vale- asiento no muy convencida.

Entramos en el establecimiento.

Viva la Pepa.

Jesús y Dani con dos chicas en una mesa.

Mi cara en estos momentos tiene que ser un poema.

-Pasa algo?- pregunta mi amiga preocupada.

-Mala idea, están ahí, vámonos.

Ay, la madre que me parió.

Nuestras madres se están acercando a ellos.

-Lucía- musita la morena.

-Jules, vámonos, no puedo ver esto- tiro de su brazo haciendo que salgamos del restaurante.

-Qué les pasa a estas mujeres?- pregunta enfadada.

-No lo sé, pero sinceramente, como esos salgan a saludar o a decir que qué coño contamos por ahí- hago una pausa- me mudo de planeta.

-Pues, rápido, elige, cuál te gusta más?

Miro hacia el local y veo que se aproximan a nosotras.

Nuestras madres no, los gemelos.

-Oh, mierda.

Comienzo a caminar no sé hacia dónde, pero no voy a aguantar esa situación, no quiero.

Escucho como alguien corre hacia mí e intento acelerar el paso con algo de miedo, dado que Julieta calza tacones y no se escuchan los claqueteos de sus tacones.

El sujeto tira de mi brazo dándome la vuelta e inconscientemente cierro los ojos.

Sin decir lo más mínimo, aparta el pelo de mi cara y me besa.

Es un beso lento y, lo peor es que, reconozco al dueño de esos labios.

-Desde cuando huyes de mí?

-Jesús, no tengo ganas de hablar con ninguno de vosotros dos.

-Sé lo que pasó con mi hermano, no pretendo que lo olvides, pero, quiero decirte que lo de irnos, ahora mismo, no es una opción, es una realidad.

Me suelto de su agarre y vuelvo sobre mis pasos hasta donde se encuentran mi mejor amiga y mi ex novio.

Suelto una bofetada en la mejilla del último.

-Con que habías rechazado lo de irte a Madrid?- pregunto irónica- sólo espero que no te vayas- hago una pausa- no quiero que tus mentiras se propaguen más por España.

-Pensaba decírtelo pero- antes de que termine lo interrumpo.

-Mira que me comas el coño y me dejes tranquila, estoy harta de ti y de tus mentiras- río irónica- no sé cómo pude tener algo contigo, enserio, no lo sé, sólo sé que no se va a repetir.

-Pues mira, celosa de mierda, esas de ahí, son mis primas, María y Ari, tu madre pensó que te gustaría comer con nosotros para arreglarlo y decidí que viniesen, para que conocieses más parte de mi familia, de hecho, el resto de tu familia viene de camino y yo, como un gilipollas a base de regalos- saca una caja- por si otro no te regala cosas, mira esto y piensa que es suyo- me lanza la caja y se va.

Ahora sí que la he cagado.

Me llamo Lucía.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora