Jesús.
—¡Jesús!— me llamaron y me giré para mirarla por un instante— Por favor quédate— suplicó comenzando a llorar.
Me partía el alma verla así, tan indefensa, tan rota.
Lucía, esa misma que siempre estaba echándole cara a los problemas, sonriendo, bromeando, en estos instantes se encontraba frente a mí, así como ella realmente es, frágil.
—No puedes irte, todavía no, no sé qué cojones voy a hacer sin ti, déjame disfrutarte el tiempo que me queda, déjame decirte lo mucho que te quiero y lo mucho que lo siento— hace una pausa para respirar— Porque realmente admito que la cagué, que no sé cómo pude echar de mi vida a lo mejor que ha entrado en ella, que tú, sí tú, al que le solté todo aquello anoche, eres la persona a la que amo y siempre amaré, por encima del tiempo, de la distancia y, ¡qué diantres!, por encima de la muerte, por encima de todo si se trata de ti. Joder, Jesús, que te quiero.
—Si no me marcho hoy, ¿qué más da? Apenas nos quedan tres días juntos— espeto furioso— Además, si algo he aprendido en mis 19 años, es que los borrachos dicen la verdad y lo que verdaderamente piensan.
—¿Enserio me estás diciendo éstas gilipolleces o soy yo que tengo demasiada imaginación?— pregunta sarcástica— Parece que no entiendes que te quiero, o quizás no lo quieres entender porque ha llegado el momento en que no sientes lo mismo y nuestra relación se hace demasiado pesada para ti.
—¿De verdad estás insinuando que no te quiero?— pregunto ofendido.
—No lo insinúo, lo afirmo— responde dolida y molesta.
—Pues, permíteme que te diga que estás muy equivocada, te quiero más que a nada en esta vida, pero estoy cansado de darlo todo— suspiro— también me quiero a mí y, sinceramente, no quiero sufrir más— finalizo más calmado.
Entre el llanto noto que su respiración se agita, comienza a hiperventilar, enreda sus manos en su pelo tirando levemente del mismo y se agacha, quedando en cuclillas.
—¡Me aprieta! ¡Me está apretando!— grita con la voz rota seguido de unos gritos incomprensibles de dolor.
Me acerco a ella y me arrodillo frente a ella.
—¿Qué pasa, Lucía?— pregunto aunque los gritos de sufrimiento por su parte no cesan— ¿Lucía?
Escucho a alguien correr por las escaleras, es Julieta. Corre hasta Lucía, pero no la abraza ni mantiene contacto físico.
—No, otra vez no— repite una y otra vez en murmuros— Jesús, apártate— me ordena con lágrimas en los ojos.
—No me voy a ninguna parte— sentencio firme.
—¡Qué te quites, joder!— grita desesperada.
—¡No puedo más!— grita Lucía, posiblemente acabando por completo con la potencia de su garganta.
Finalmente, me aparto un poco. A continuación, Julieta, suavemente, tumba a Lucía en el suelo, la cual se sitúa en posición fetal.
Los gritos y llantos no cesan y, para mejorar la situación acaban de tocar al timbre.
Me acerco a abrir y, oportunamente, al otro lado de la puerta se encuentran Mar y Celia.
Celia corre hasta su prima pero, como Julieta, con cautela y sin mantener contacto.
—¿Otra vez? ¿Qué ha pasado?— pregunta Celia desesperada.
—Han discutido, digamos que no le sienta bien la soltería— informa Julieta intentando quitarle hierro al asunto.
—Mar, llama a una ambulancia— sentencia Celia— Y tú, Jesús, cógela con cuidado y llévala al sofá.
Hago lo que me pide y tengo a Lucía entre mis brazos, entre sus gritos incesantes
—¡Haz que pare!— me ruega aprentándose la cabeza con sus manos.
Al tumbarla en el sofá coloco mis manos sobre las suyas y las aparto suavemente, ignorando su agonía, entrelazo sus dedos con los míos. Seguidamente, deposito besos en su cabeza e, increíblemente, parece que la relajan.
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Me llamo Lucía.
Fanfiction¿Cómo alguien puede hacer que mandes todo a la mierda sin conocerla realmente? ¿Cómo puede ser que serías capaz de arriesgar tu vida, tus sueños y tu felicidad por complacerla? ¿Cómo puede una chica conseguir convertirse en todo para sus íd...
