¿Podemos?. (93)

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Daniel.

Me voy de allí, ésta vez a sabiendas de que puede que no la vuelva a ver y, si la veo, será dentro de mucho.

Sabiendo como es Lucía, volverá, yo estaré aquí esperando para abrazarla, espero que estos años se pasen rápidos.

No sé cómo mierdas voy ha hacer para aguantar sin ella tanto tiempo, no tiene ningún punto a favor.

¿Y si cuando vuelva ya trae un marido o un prometido?

Marido no creo, en ningún universo cabe la posibilidad de que Lucía se case sin la presencia de Julieta.

Lo único que sé a ciencia cierta es que la voy ha echar mucho de menos y que , se va ha perder tantas cosas que, cuando vuelva, va ha estar decepcionada con ella misma. Y me va ha doler más a mí que a ella, pues voy a tener que vivir momentos preciosos llenos de amor sin el amor de mi vida.

Pues claro que me va ha doler, joder.

Me adentro en mi coche y pongo su disco favorito, por más que me duela, es lo único que me queda realmente de ella, pues el amor por esta música une nuestras almas.

Daniel Oviedo Morilla, ahora mismo vas ha dejar de hacer que quién quiera que sea que esté leyendo esto quiera suicidarte por lo penoso que eres, tío.

Alza la cabeza y vive lo mejor que puedas estos tres años sin Lucía, no le jodas la moral a los demás.

Arranco y en un santiamén estoy de nuevo en la casa que comparto con mis padres y mi hermano, sin Juan Carlos no es lo mismo tampoco, lo que pasa es que, lo suyo es diferente, se ha ido ha vivir con su novio, y bien orgulloso que estoy de ellos.

Meto el coche en el garaje y me aseguro de cerrarlo completamente, antes de subir a la primera planta de la casa.

Sí, el garaje es subterráneo.

Cuando entro en el salón me encuentro con Jesús mirándome serio y sujetando su móvil firmemente en dirección hacia mí.

-¿Qué pasa? No veo de lejos, ni de cerca, sabes perfectamente que la vista no es mi sentido mejor desarrollado- bromeo.

-¿Cómo que qué pasa? ¿Por qué mierdas has aparecido en el Monroe Moore para liarla? ¡Ya no tienes edad ni siquiera de estar allí!- grita.

-Relájate, por favor, tengo una explicación muy lógica para eso...- comienzo a explicar.

-Que esas chicas no lo hiciesen bien con Lucía no es excusa, yo ya lo hablé con José.

-¿Osea que es culpa tuya que Lucía se vaya? Gracias, bro, enserio, gracias- ironizo y me voy hacia mi habitación dejándolo con la palabra en la boca.

Al entrar a mi habitación me encuentro con una pequeña chica y una gran sonrisa, Celia ha venido.

Me quedo boquiabierto, es con la que más me he desahogado con el tema de Lucía, es algo así como mi mejor amiga, la quiero mucho y, a decir verdad, ahora la quiero más que nunca, pues me hace más falta que en todo este tiempo, Lucía se va de España, de Europa, pero no de mi corazón.

-¿Qué pasa? ¿Tan fea soy que no me quieres ni saludar?- bromea poniéndose en pie y alzando una ceja divertida.

Me acerco a ella a paso rápido y la abrazo fuertemente, provocando que no pueda moverse lo más mínimo y la balanceo suavemente.

-Gracias por estar aquí, ahora necesito tu apoyo más que nunca- confieso en un susurro.

-Dani, no podemos respirar- se queja en tono nervioso y a la vez divertida.

-¿Podemos?- pregunto algo extrañado separándome de ella y me mira con tristeza y, acto seguido, agacha la cabeza- Oh, Celia, no me jodas.

Me llamo Lucía.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora