Adiós. (86)

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Lucía.

    En fin, ¿qué puedo decir? Anoche fue una noche mágica pero, a decir verdad, tengo miedo de la reacción de Jesús.

   No sabe nada, pero supongo que algo debe sospechar.

    Llevo un rato observando a Dani mientras duerme, parece un ángel, cualquiera desearía que no se despertase, pero lo que hace despierto me gusta más.

     Me tumbo encima suyo poniendo un brazo a cada lado de su cabeza y le beso desde el pecho, subiendo por el cuello, pasando a la mejilla y llegando a sus labios.

    Nos fundimos en un dulce beso, en el que me doy cuenta que está completamente despierto.

    -Cariño, levanta, hoy nos vamos, tenemos que aprovechar el día- informo cuando finalizamos el beso.

    -Joder, te voy a echar mucho de menos, mi vida- se queja- No sé qué cojones voy a hacer sin ti.

    -Nos volveremos a ver, tonto- le intenté animar y, a continuación me levanté.

    Me puse mi ropa interior y deshice mi moño para hacerme una cola alta.

    -¿Te vas a volver a poner el vestido?- preguntó el moreno dudoso y encogí los hombros- Coge una de mis camisetas, anda.

    Le dediqué una amplia sonrisa, sabe perfectamente que me encanta ponerme camisetas y sudaderas de chico para estar por casa.

    Se levantó y se dirigió al armario y cogió su camiseta favorita y me la dio como si de un tesoro se tratase.

    -Es mi camiseta favorita- asentí- Ahora es tuya, cuídala- finalizó.

    -La guardaré como oro en paño- le aseguro.

    Me la pongo y recojo mi vestido. A continuación, le cojo por la nuca y le beso.

    Me voy haciendo el menor ruido posible para que no me vean el resto, pero doy mi misión por fallida cuando veo a Jesús sentado en el suelo al lado de la puerta dormido.

    Aún lleva puesto el traje de anoche, creo que no ha pisado su habitación en toda la noche.

    Voy a mí habitación y suelto el vestido, después vuelvo al pasillo y despierto a Jesús cuidadosamente.

    -Buenos días- digo cuando veo que abre los ojos.

    -Lo serán para ti, que te dan igual los sentimientos de los demás- reprocha.

    -Jesús, adiós- me inclino hacia él y beso suavemente su mejilla.

    -Jesús, adiós- me inclino hacia él y beso suavemente su mejilla

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    Me incorporo y vuelvo a mí habitación. Me visto y meto la camiseta de Dani en una de mis maletas.

    Pongo todas mis maletas, macutos, bolsos y mochilas a un lado de la habitación. Reviso el armario y los cajones y todos los rincones de la habitación.

    A continuación, salgo de la habitación y me dirijo a la habitación de Guille y Julieta.

    Entro a la habitación y están dormidos abrazados en plan cucharita, qué monos son, me da pena despertarlos.

    Bah, ¿qué más da?

    Me lanzo encima de ellos cual saco de patatas y comienzo a escuchar gruñidos y quejas por su parte.

    A veces pienso que Guille me va a acabar tirando por la ventana en un arrebato.

    -Chicos, venga, dejad de quejaros, tenemos que ir al ave sin que Dani se de cuenta- insisto.

    -Venga, vale- cede Jules apartándome y levantándose.

    -Te voy a echar de menos, gordita mía- dice Guille achuchándome.

    Beso su mejilla y salgo para dejarles cambiarse y bajo a prepararme un buen cola cao.

    En la cocina me encuentro con Dani, al cual me acerco a abrazar enseguida.

    -Ahora voy a salir con Guille y las chicas un rato, no me eches mucho de menos- le doy un pico- Te quiero.

    Dicho esto, cojo el cola cao que se había preparado para él y me lo llevo, no sin antes de salir de la cocina guiñarle un ojo.

Me llamo Lucía.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora