¿Cómo alguien puede hacer que mandes todo a la mierda sin conocerla realmente?
¿Cómo puede ser que serías capaz de arriesgar tu vida, tus sueños y tu felicidad por complacerla?
¿Cómo puede una chica conseguir convertirse en todo para sus íd...
En fin, ¿qué puedo decir? Anoche fue una noche mágica pero, a decir verdad, tengo miedo de la reacción de Jesús.
No sabe nada, pero supongo que algo debe sospechar.
Llevo un rato observando a Dani mientras duerme, parece un ángel, cualquiera desearía que no se despertase, pero lo que hace despierto me gusta más.
Me tumbo encima suyo poniendo un brazo a cada lado de su cabeza y le beso desde el pecho, subiendo por el cuello, pasando a la mejilla y llegando a sus labios.
Nos fundimos en un dulce beso, en el que me doy cuenta que está completamente despierto.
-Cariño, levanta, hoy nos vamos, tenemos que aprovechar el día- informo cuando finalizamos el beso.
-Joder, te voy a echar mucho de menos, mi vida- se queja- No sé qué cojones voy a hacer sin ti.
-Nos volveremos a ver, tonto- le intenté animar y, a continuación me levanté.
Me puse mi ropa interior y deshice mi moño para hacerme una cola alta.
-¿Te vas a volver a poner el vestido?- preguntó el moreno dudoso y encogí los hombros- Coge una de mis camisetas, anda.
Le dediqué una amplia sonrisa, sabe perfectamente que me encanta ponerme camisetas y sudaderas de chico para estar por casa.
Se levantó y se dirigió al armario y cogió su camiseta favorita y me la dio como si de un tesoro se tratase.
-Es mi camiseta favorita- asentí- Ahora es tuya, cuídala- finalizó.
-La guardaré como oro en paño- le aseguro.
Me la pongo y recojo mi vestido. A continuación, le cojo por la nuca y le beso.
Me voy haciendo el menor ruido posible para que no me vean el resto, pero doy mi misión por fallida cuando veo a Jesús sentado en el suelo al lado de la puerta dormido.
Aún lleva puesto el traje de anoche, creo que no ha pisado su habitación en toda la noche.
Voy a mí habitación y suelto el vestido, después vuelvo al pasillo y despierto a Jesús cuidadosamente.
-Buenos días- digo cuando veo que abre los ojos.
-Lo serán para ti, que te dan igual los sentimientos de los demás- reprocha.
-Jesús, adiós- me inclino hacia él y beso suavemente su mejilla.
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Me incorporo y vuelvo a mí habitación. Me visto y meto la camiseta de Dani en una de mis maletas.
Pongo todas mis maletas, macutos, bolsos y mochilas a un lado de la habitación. Reviso el armario y los cajones y todos los rincones de la habitación.
A continuación, salgo de la habitación y me dirijo a la habitación de Guille y Julieta.
Entro a la habitación y están dormidos abrazados en plan cucharita, qué monos son, me da pena despertarlos.
Bah, ¿qué más da?
Me lanzo encima de ellos cual saco de patatas y comienzo a escuchar gruñidos y quejas por su parte.
A veces pienso que Guille me va a acabar tirando por la ventana en un arrebato.
-Chicos, venga, dejad de quejaros, tenemos que ir al ave sin que Dani se de cuenta- insisto.
-Venga, vale- cede Jules apartándome y levantándose.
-Te voy a echar de menos, gordita mía- dice Guille achuchándome.
Beso su mejilla y salgo para dejarles cambiarse y bajo a prepararme un buen cola cao.
En la cocina me encuentro con Dani, al cual me acerco a abrazar enseguida.
-Ahora voy a salir con Guille y las chicas un rato, no me eches mucho de menos- le doy un pico- Te quiero.
Dicho esto, cojo el cola cao que se había preparado para él y me lo llevo, no sin antes de salir de la cocina guiñarle un ojo.