Sálvame. (74)

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Lucía.

    ¿Os cuento mi situación actual? Os explico, con Jesús todo genial, con Dani, ni fu ni fa y, a decir verdad, el único problema ahora es que me voy en un par de días.

    No volveré a ver a mi mejor amiga en años, a Guille, a los chicos, incluso echaré de menos odiar a Mar.

    Quiero poder olvidar toda mi vida para que al llegar a Madrid, no anhelase Sevilla.

    Lo que ahora si recuerdo es que anoche iba como una cuba y que acabo de despertar en pijama y en mi cama.

     Tengo miedo de darme la vuelta y que no sea Jesús el chico que está a mi lado, pero tengo que comprobarlo. 

    Oh, mierda, no es Jesús, casi, pero no, se parece bestialmente a él, pero no lo es.

    Sí, en efecto, es lo que seguramente estáis pensando, Daniel.

    Me dispongo a levantarme sigilosamente, cuando algo o, mejor dicho, alguien, tira de mi brazo para volver a tumbarme en la cama, volviendo a mi posición anterior.

    —¿Qué se supone que hicimos anoche?— pregunto esperando oír exactamente lo que quiero oír.

    Mi mundo se desmorona mínimamente cuando alza una de sus cejas seductor e insinuante. Acto seguido, empieza a reírse y a agitar exageradamente la cabeza a modo de negación.

    —Estabas borracha, ¿por quién me tomas? ¿Cuán aprovechado crees que soy?— pregunta haciéndose el ofendido, pero, vuelve a reírse— Tu cara de desesperación ha sido buenísima.

    Recojo un cojín del suelo y se lo estampo en la cara.

    —Gilipollas— sonrío falsamente— Esto no va ha quedar así, te vas a cagar.

     Se gira en un rápido y ágil movimiento, quedando así encima mío.

    —¿Recuerdas que sé tus puntos débiles?— vacila incorporándose, quedando así con una rodilla a cada uno de mis lados.

    —¿Recuerdas que soy la novia de tu hermano y como te pille haciendo lo que sea te mata?— contraataco.

    Se encoje de hombros en señal de indiferencia y se inclina para empezar a hacerme cosquillas.

    —¿Que mi hermano qué?— pregunta divertido.

    —¡Para! ¡Te voy a matar! ¡Cuando pares no vas a tener Marbella para correr!

    —Primero espera que pare— sentencia en tonto burlesco— Tienes una puta risa de foca retrasada que no puedes con ella, eh.

     —Pero a mí esa risa me flipa— pronuncia alguien desde el umbral de la puerta.

    —¡Guille! ¡Sálvame!

    —Soy un náufrago— canturrea acercándose lentamente a la cama.

    Cuando está lo suficientemente cerca, tira del brazo de Dani haciendo que caiga en redondo al suelo.

    —Gracias, amigo— ironiza Daniel— Yo también te quiero.

    —De nada, hombre— responde el castaño lanzándole un beso.

    —Dejaros de rollos y salid— sentencio y me miran interrogantes— ¡Quiero dormir!

    —Es mi habitación— se queja el menor de los Oviedo.

    —No me interesa— vacilo cubriéndome de nuevo con la sábana y girándome hacia el lado contrario.

    Escucho susurros y la puerta cerrarse.

    Noto como se hunde un lado de la cama y, repentinamente, encuentro a Daniel frente a mí bajo las sábanas.

    —Tengo sueño— se queja en un susurro acercándose a mí— También tengo hambre— se acerca más hasta quedar a pocos centímetros.

     —¿Qué pretendes?
   
    —No sé, tengo dudas— musita recibiendo una mirada de confusión por mi parte— Quiero saber si sabes lo que pasó anoche, bueno, más bien lo que hiciste anoche.

    ¿Qué coño se supone que hice anoche si se puede saber?

    —Dani, dime qué pasó anoche— sentencio firme y a la vez asustada.

    —Pues verás...— comienza a decir antes de ser interrumpido.

    Alguien acaba de abrir la puerta entrando en el dormitorio cual elefante por cacharrería.

    Me destapo lo justo para divisar al individuo que acaba de entrar.

    Vale, esto no me gusta, Julieta con pastillas para la resaca y comida, mucha comida.

    Me giro de nuevo hacia Daniel y lo miro seria.

    —Vale, seriamente quiero saber qué pasó anoche.

Me llamo Lucía.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora