¿Cómo alguien puede hacer que mandes todo a la mierda sin conocerla realmente?
¿Cómo puede ser que serías capaz de arriesgar tu vida, tus sueños y tu felicidad por complacerla?
¿Cómo puede una chica conseguir convertirse en todo para sus íd...
—Has comido?— pregunta comenzando a andar y lo sigo.
—Me ha dado tiempo?
—Bueno, pues vamos a comer— dice el moreno.
—No tengo hambre— me quejo— quiero un café.
—Tienes que comer algo— regaña pulsando el botón del ascensor.
—No quiero, come tú.
—No puedes dejar de comer, las heroínas necesitan estar sanas— comenta una voz a nuestras espaldas.
Es el enfermero de antes, el que me ayudó a llegar hasta Daniel.
—Tu estás en todos lados o qué pasa? No trabajas?
—Mi trabajo es estar en todos lados, sobretodo si me encuentro con una heroína guapísima en apuros.
—No está en apuros— replica Jesús pasando su brazo por mis hombros— y si lo estuviese, aquí estoy yo para salvarla.
El ascensor se abre y entramos los tres y me adelanto a pulsar el botón 0.
—Uau, un novio celoso— ríe— vas a dos bandos o cómo?
—Voy a los bandos que me da la gana, imbécil— espeto molesta.
—Ey, relájate, gatita.
Acaba de decir gatita? Lo voy a matar, enserio.
—Mira, me vuelves a llamar gatita y te pongo los huevos de corbata— amenazo— si es que realmente tienes.
El ascensor se abre y salgo disparada de él con el gemelo que me acompañaba a mi lado.
—Menudo gilipollas— masculla el moreno.
—Y que lo digas, no me extraña que tardase tanto en llegar.
Entramos en la cafetería, caminamos hasta una mesa casi escondida y nos sentamos.
—Qué vas a querer? Voy a ir a pedir.
—Irme de aquí y que Dani esté como una rosa en primavera.
—De comer— suspira— y no me digas que sólo un café, tienes que comer.
—Un sándwich mixto— cedo finalmente— y un café.
Sonríe y camina hasta la barra.
Le atiende una chica joven y guapa.
Por qué se miran tanto?
Por qué sonríen?
Celosa de mierda.
Celosa y orgullosa, se te olvidaba lo último.
Me levanto de la mesa y me dirijo a la barra.
—Bueno, para el chico más guapo me encargaré de que traigan lo mejor— comenta coqueta.
A mi mozo ni los pelos del cipote, zanahoria.
No es tu mozo, lo fue.
Es mi amigo.
Cuando estoy al lado de Jesús lo abrazo por la cintura.
—Hombre, hola chiquitina— saluda depositando un beso en mi cabeza.
—Hola, me llamo Lucía— me presento con una falsa sonrisa.
—Vale— musita metiéndose en la cocina.
—Soy una espantazorrasprofesional— comento riéndome.
—Te has puesto celosa?
—No, sólo que sé como van las zorras como esa cuando se acercan a chicos como tú, no iba a permitir que cayeses en sus redes.
—Estabas celosa— canturrea en mi oído.
—Calla, fotocopia.
—Cállame— me reta.
—Sabes callarte sólo— río— además, al igual que salvo vidas, las quito.
—Me amenazas? A qué te beso?— río irónica y antes de que pueda reaccionar, lo hace.
Lo está haciendo, me está besando.
Pero esto está mal.
Me separo de él bruscamente.
—A ver, guapito de cara, que sepas que no puedes ir besando a la gente a diestro y siniestro— suspiro frustrada— y menos, a la chica que le gusta a tu hermano gemelo el cual está ingresado en el hospital.
—Vamos, que no quieres que te bese— resume divertido.
—Lo has dicho tú, no yo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Ahora, enserio, en cuanto nos sentamos vamos a hablar muy seriamente.
—Créeme, no hay nada que hablar.
—Sí, hay que hablarlo todo.
—Qué es todo?— pregunto confundida.
—Muchas cosas— dirige su mirada a la chica que vuelve a la barra con nuestros sándwiches y cafés— luego hablamos.