¿Cómo alguien puede hacer que mandes todo a la mierda sin conocerla realmente?
¿Cómo puede ser que serías capaz de arriesgar tu vida, tus sueños y tu felicidad por complacerla?
¿Cómo puede una chica conseguir convertirse en todo para sus íd...
Nos despedimos de Jules y nos adentramos en mi casa.
Subo las escaleras seguida de Jesús y entramos a mi habitación.
—Yo también quiero fotos contigo— sonríe apenado— en la ducha, por ejemplo.
—No cuela— suelto una risa estruendosa.
—Venga, anda— hace un puchero.
—Yo este verano lo acabo virgen— sentencio.
—Dúchate rápido, si no quieres que te quite la idea rápidamente.
Asiento y me meto en el baño, cierro la puerta, me desvisto y me meto en la ducha.
Las gotas de agua caliente hacen que mis preocupaciones se desvanezcan lentamente.
Tras darme una larga ducha salgo, enrollo mi cuerpo en una gran toalla y mi pelo en otra más pequeña.
Salgo del baño y Jesús me mira pícaro.
—No te ilusiones, ahí enfrente— señalo la puerta que da enfrente del baño— está el vestidor.
Él encoge los hombros con indiferencia y se acerca a mi abrazándome desde atrás, por la cintura.
—Te quiero— susurra comenzando a depositar pequeños besos en mi cuello.
—Yo también te quiero, pero por favor, para— ruego— por lo menos hoy no, vale?
—Aún queda mucho verano— sonríe como un bobo.
Me deshago de su agarre y entro en el vestidor.
—Ni se te ocurra entrar— advierto.
—Si sabes que algún día te veré toda todita.
—Jesús, no me vas a ver como Dios me trajo al mundo estando tu hermano al que también le gusto en el hospital.
—Pues cuando te hayas puesto la ropa interior, me llamas y entro.
Cierro la puerta del vestidor y me visto completamente y me maquillo, cojo una mochila y, cuando me termino de acordonar mis deportivas, salgo.
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—Te dije que quería que me avisaras— dice el moreno fingiendo enfado.
—Quiero una foto bonita— comento cambiando de tema.
—Eso está hecho princesita— accede Jesús cogiéndome de la cintura y besándose— te quiero.
—Jesús, te quiero, pero en septiembre nos despediremos y no nos volveremos a ver, además tu hermano está en el hospital creyendo que estamos juntos y no soy su lío, pero tampoco el tuyo.
—Me importa bastante poco eso de que te vayas, nos volveremos a ver, lo prometo.
—Pero, conoceremos más personas y mantendremos relaciones con esas personas.
—No quiero conocer a otra.
—Yo si quiero conocer a otro, para no pasar cada segundo de mi vida arrepintiéndome de haber nacido en Sevilla, para olvidarme de ti.
—Qué directa— exclama riéndose— da igual, vamos con la foto.
Nos acercamos a la pared para tener un buen fondo y nos ponemos en posición y Jesús hace una autofoto.
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—Qué goals por Dios— exclamo al ver la foto.
—Si la subo a las redes sociales empezarán a decir que estamos juntos otra vez, no?— asiento insegura— pues, entonces no la subo.
Menos mal, conociendo a este niño, es capaz de subirlo con más ahínco, nada más que por eso.
Te vas a por los inútiles, Lucía.
Le cojo la mano y tiro de él conduciéndolo hasta la salida de la casa.
—Voy a colarle a Dani unas cuantas magdalenas— musito dirigiéndome a la cocina.
Meto un paquete de magdalenas en mi mochila junto con tres botellitas de frapuccinode vainilla de Starbucks.
A continuación, meto una botella de agua y unas patatas fritas.
Vuelvo a la salida de la casa y le doy la mochila a Jesús.
—Llevas comida o ladrillos?— ironiza.
—Anda, saca ese culo gordo de mi casa y deja de quejarte— bromeo cariñosamente.
—Te encanta mi culo— me sigue la broma y río.
Salimos de mi casa y cierro la puerta con llave, acto seguido, nos montamos en el coche y ponemos rumbo al hospital.