No sabían cuanto tiempo llevaban así, ella recostada en su pecho y el acariciando su cabello. Ambos recostados bajo un árbol.
Jacken decidió alejarse al ver la escena tan íntima, por lo que regresó al campamento con Rin y Kohaku, quienes estaban aún más alejados de la aldea.
—Puedes llegar a ser tierno si te lo propones.—Balbuceó la castaña sintiendo las caricias que el Inu youkai daba a su cabello. Suspiró y entrecerró los ojos.—Cuando despierte ya no estarás, ¿Verdad?—Su silencio fue la respuesta.—Lo supuse...
Antes de que la castaña se perdiera entre la neblina de la inconsciencia sintió como el peliplata olía su cabello y le susurraba que regresaría... Sólo que no estuvo el suficiente tiempo consciente para escuchar el cuando...
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— ¡Aquí esta!
La castaña gruñó molesta al escuchar aquellas voces.
La habían despertado, y por si fuera poco tenía un horrible dolor de cabeza.
Nunca en su vida volvería a tomar.
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—Vamos Shippo, solo un poco más.—Lo animaba la castaña.
Los meses pasaron, la nieve seguía cayendo en el Japón feudal pero no con tanta intensidad como al principio. Faltaba poco para que el invierno acabara, y para entrar en calor, todas las mañanas la castaña salía a entrenar.
Por esta ocasión cedió ante los ojos de cachorro abandonado de Shippo y la convenció de que entrenaría con ella. Al principio solo jugaban con la nieve, después la ojigris se puso a meditar para incrementar sus poderes y hace unos minutos intentó que el kitsune mejorará sus habilidades.
Shippo mantenía entre sus manos una esfera de fuego azul con bastante dificultad.
—Concéntrate.—Volvió a decirle.—Deja que tu poder fluya y viaje a tus manos, hacia tu fuego.
El pequeño asintió viendo como la esfera crecía un poco más.
—Bien.—La castaña adoptó una posición de defensa.—Ahora, lanzala hacia mi. Yo la intentaré detener.
No muy convencido, el kitsune lanzó con todas sus fuerzas aquel ataque. La castaña cerró los ojos y dejó fluir su poder espiritual, creando una esfera alrededor de su cuerpo, protegiéndola.
—Buen trabajo.—Sonrió.—Me fue un poco difícil mantener el campo de fuerza.Cuando seas más grande serás muy fuerte.
—¿De verdad piensas eso, Azul?—Preguntó Shippo con una alegre sonrisa.
La castaña sonrió y se alejó un poco se él.
—Por supuesto. Ahora, sigamos con el entrenamiento.—Ambos asintieron y siguieron con su entrenamiento.
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—Mm...
—¿Pasa algo, Azul?—Preguntó el kitsune en los brazos de la castaña.
—No es nada.—Sonrió para tranquilizarlo.—Es solo qué... Nunca en mi vida había visto nevar...
—Si... Aún recuerdo cuando te lanzaste a la nieve y le tiraste esa piedra a Inuyasha.—Rio, asiendo sonrojar a la castaña.
Era cierto, se había emocionado mucho al ver caer la nieve que comenzó una guerra de bolas de nieve... Solo que por error, tomó una piedra y se la lanzó a Inuyasha, dejándole un chichón en la frente.
—Uff, eso fue vergonzoso.—Suspiró.—El paisaje es muy hermoso aquí, incluso cuando la nieve se derrite.
—Oye Azul.— Habló el kitsune de repente.—¿Qué fue lo que les dijo el anciano Myoga que cuando regresaron estaban muy rojos?
Las mejillas de la castaña se encendieron un pocos más de ser posible, recordando aquel suceso que ocurrió hace un par de días.
—Es... Un tema de adultos.—Se limitó a decir.—Lo sabrás cuando seas más grande.
—¿No lo puedo saber ahora?—Quiso insistir.
La castaña volvió a negar cubriendo la mitad de su rostro con la cabeza de Shippo.
—Azul.—Después de unos minutos el kitsune volvió a llamarla, esta vez con un tono de voz que reflejaba miedo.—Mira.
— Son...
— Es Kikyo.— Dijo temeroso al ver a la miko de barro y huesos a unos metros de ellos, examinándolos con la mirada.
La castaña frunció el ceño, sin dejar de mirar a la miko. Tenía un mal presentimiento, desconfiaba de la mirada de ella, las serpientes cazadoras de almas no solo flotaban alrededor de Kikyo, sino también de los chicos, temiendo un poco ante la situación.
— ¿Qué es lo que deseas?— Preguntó la ojigris intentando sonar educada.
Vió como la miko sujetaba con más fuerza el arco que tenía en su mano. Sin embargo, no contestó nada.
Las serpientes cazadoras de almas se abalanzaron contra ellos, haciendo que el kitsune se aferrara con más fuerza al traje de la castaña.
— Shippo, corre.— Susurró la castaña arrojando al pequeño a unos arbustos.
Sorpresivamente las serpientes cazadoras dejaron de querer atacarla y volvieron a rodear a la miko.
—Tienes un gran poder espiritual en tu interior.—Habló sin sentimiento alguno en su voz.—Aprendiste a controlar tus poderes en días. Algo casi imposible, el entrenamiento de las mikos toma años.
—¿Cómo sabes eso?—¿Es que acaso la había estado espiando?
—Usas tus poderes para proteger a los humanos, pero también a los youkai.—Siguió hablando.—A esos seres malignos...
—No todos los youkai son malos Kikyo.—Levantó la voz, a la vez que fruncía el ceño al ver una que una sonrisa apagada aparecía en el rostro de la miko de barro y huesos.
—Y por si fuera poco, aceptas que te corteje uno de ellos...—No, no quería seguir escuchándola. Estaba dispuesta a irse y dejar hablando sola a la miko cuando la escuchó hablar de nuevo:—Eso es abominable. No mereces poseer tanto poder cuando tarde o temprano ese youkai te contaminará.
—Yo haré lo que a mí se me plazca.—Encaró a la miko.—Y si no tienes nada más que decir...
—Si eliges a un youkai serás señalada, tanto por los humanos como los youkai.—La castaña cerró los ojos con fuerza, intentando controlarse cerró sus manos en puños y tensó su cuerpo en ese mismo lugar.—Todos desconfiarán en las mikos al saber que una había elegido a un youkai.
—No me interesa.—Se tensó aún más.—Ese es mi problema, tú métete en tus asuntos.
—Si eso dices... Solucionaré el problema entonces.
Sin decir una palabra, tomó una de las flechas de su carjac y apuntó a la castaña.
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Esa chica extraña
FanfictionNadie sabia de donde venia, ni siquiera por que los miraba a todos así. Nunca les tuvo miedo mientras ellos cuidaban sus heridas. Nunca se enteraron de donde provenía. Ella lo oculto, pero tarde o temprano, todos los secretos son revelados... -Yo...
