Desesperación

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Al pasar de los días las cosas no mejoraban, y eso comenzaba a preocupar a los niños y al youkai de piel verde.

La castaña y el youkai casi no hablaban, y cuando lo hacían ella siempre se refería a él como "Sesshomaru-Sama" y le hablaba de usted (al escuchar los niños la primera vez se sorprendieron bastante y supieron que algo estaba mal), a los pocos segundos el inu youkai se alejaba con una expresión molesta en su rostro y se encerraba en sus aposentos. Rin y Kohaku intentaban alegrar a la ojigris invitándole a las aguas termales o a entrenar, pero ella se negaba y se encerraba en su habitación. Tiempo después notaron que ella comía cada vez menos, cuando se dieron cuenta quisieron avisarle al youkai de piel verde para que los ayudara.

El también lo había notado, además se había dado cuenta que la castaña siempre tenía un campo de fuerza alrededor de ella, para cubrir su olor. Pero a pesar de ocultarlo, todos podían ver la tristeza que reflejaba. Y eso estaba debilitando su cuerpo lentamente, lo sabía, su cuerpo no tardaría en ceder, el no comer lo suficiente y usar todo el tiempo sus poderes espirituales la estaba dañando.

**

—Pero Azul-Sama, no ha comido casi nada.—Dijo Jacken intentando persuadirla para que comiera un poco más.

—No tengo hambre, sumimasen.—Se disculpó antes de caminar a su habitación.

Se detuvo unos segundos al ver como todo a su alrededor se volvía borroso. Sacudió levemente su cabeza y se recostó en su cama.

Dos semanas habían pasado desde el incidente donde atacó al inu youkai, no tenía ánimos para hacer nada, sólo quería llorar, llorar hasta no tener fuerzas y caer dormida.

Escuchó cómo alguien entraba a su habitación.

—¿Señorita Azul? El señor Jacken, Kohaku y yo iremos a las aguas termales, ¿Quiere acompañarnos?—Preguntó la azabache con la esperanza de que esta vez la castaña aceptara la propuesta.

—Vayan ustedes, Rin.—Dijo con voz suave, intentando sonreír para tranquilizar a la pequeña, pero no pudo.

Ella asintió con la mirada baja y salió de la habitación.

Se sintió mal por rechazarla, pero realmente no tenía ánimos para hacer nada, tan sólo salió de su habitación para despidirse de ellos. Cuando se alejaron lo bastante suspiró y regresó.

Se llevó una gran sorpresa al ver al Inu youkai en sus aposentos, esperándola.

—Sesshomaru-sama.—Dijo su nombre haciendo una reverencia.—¿Qué desea?

El youkai solo frunció más el ceño.

—Deja de hacerlo.—Le ordenó acercándose a ella.

Ella retrocedió por instinto.

—N-no se de qué habla.—Tragó saliva al ver sus ojos. Las manos de él habían sujetado su mentón y había alzado su rostro, obligándola a mirarlo. Sus orbes dorados parecían taladrar su mirada, dejándola indefensa.

—¿Por qué lo haces?—Volvió a preguntar.

"Para no interferir más."

—Sesshomaru-Sama, onegai, suélteme.—Susurró sintiendo sus piernas débiles de repente.

—No lo haré, humana.—Cerró los ojos con fuerza al escuchar como la había llamado. Ese gesto no pasó desapercibido por el youkai.—Eres mía.

—La marca ya no está, puede elegir a alguien mejor que yo; a una youkai qué...

—Cállate.—Dijo en un gruñido, no, no dejaría que ella dijera tal estupidez... Hasta que comprendió, no sólo el tema del ataque de Naraku atormentaban la mente de la castaña, sino también las palabras de su madre.—Tú eres a quien escogí para mí y nadie, ni siquiera tú, vas a hacerme decidir lo contrario... Tal vez la marca ya no sea visible, pero aún está ahí...

Esa chica extrañaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora