Fuertes cambios.

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Con movimientos torpes ella se alejó sin mirarlo.

-Gomenasai.-Susurró, abrazándose a sí misma, intentando cubrirse.-Fue un... Fue un arrebato de mi parte.

La miró unos segundos... No lo miraba, se cubría, o trataba de cubrirse con sus brazos, veía como temblaba y se encogia más contra sí misma.

No dijo nada.

Se incorporó, ayudándola a ella a levantarse y le cubrió con su estola.

**

No, esto no estaba bien.

"Èl odia a los humanos." Le recordó una vocesita en su mente... Tal vez para él sea un gran atrevimiento. Con el cuerpo aún temblando se separó de él, intentando no tropezar mientras lo hacía.

-Gomenasai.-Susurró con la mirada baja.-Fue un... Fue un arrebato de mi parte.

Se abrazó a sí misma intentando cubrir su semidesnudez, no se atrevía a mirarlo a la cara, quizás estaba enfadado por su atrevimiento... Ella no podría hacer nada ante un ataque de él, se encontraba débil, asustada y sin su arma.

Levantó la mirada al darse cuenta que él se había quitado su estola y se la había puesto a ella.

-Vámonos.

Asintió sintiendo su rostro arder de repente. Recordó que uno de los tipos le había quitado su daga... Lo identificó entre los cadáveres que aún seguían en una pieza y mirando lo menos posible la sangre y las heridas en su cuerpo recuperó su arma.

-Hai.-Respondió en un débil susurro, cubriendose lo más que podía con la estola y siguiendo al youkai.

Mientras caminaba detrás del peliplata pensaba en lo ocurrido... Pasó por su cabeza que esto jamás hubiese ocurrido si les hubiera dicho a Inuyasha y a los demás acerca de aquel dia que intento regresar a casa... Aquel día que Sesshomaru la encontró llorando por primera vez al darse cuenta que jamás volvería a ver a su familia de nuevo... Sus pensamientos dieron cortados cuando notó que se habían desviado del camino y habían terminado en un río de agua cristalina.

**

No lo soportaba, ese olor... Ella olía a esos miserables y débiles humanos. Tenía que hacer algo pronto, antes de que yako quisiera salir de nuevo...

Mientras caminaba, percibía el olor a tristeza de la chica, al igual que se percató que abrazaba con fuerza su estola, cubriendose... Finalmente llegó a un pequeño río y se detuvo.

-Apestas a esos humanos.-Dijo intentando moderar su enfado. Se dió cuenta como la castaña bajaba la mirada y más olor a tristeza llegaba a sus fosas nasales.

-Si... Si no te importa... Tomaré un baño.

Él mismo se sorprendió al ver su actitud... Tan abatida, tan triste, tan... Sumisa.

Esperó recostado bajo un árbol con los ojos cerrados, percibiendo todo a su alrededor, escuchando los constantes sollozos que la chica intentaba acallar, al igual que percibía todo ese olor a tristeza.

Sin duda había muchas cosas que no conocían de esa humana; al conocerla por primera vez pensó que su actitud retadora y sin miedo a lo que tenía en frente, ya sea un ogro o cualquier youkai era señal de que ella era una humana fuerte y fría como una roca... Pero con el paso de los días y las ocasiones en que demostró su afecto con otros humanos, youkai y con el hanyou de su medio hermano, y aquella vez en que la encontró llorando en el pozo devora huesos a mitad de la noche se dió cuenta que esa actitud solo era una máscara, una máscara que se estaba cayendo ante sus ojos... La humana era más frágil de lo que quiere aparentar al pelear con toda su fuerza y entrenar arduamente. Ella no era lo que parece.

Esa chica extrañaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora