XII Phoebe

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Cuando me arrodillo para ver a Max, puedo apreciar un hoyo enorme en su pecho a causa del rayo que ha lanzado Keith, sus manos y su cara están muy pálidas, en su cuello puedo ver algunas venas negras sobresalir.

Tengo la sangre helada, los ojos llenos de ira, tomo la piedra roja en mis manos y me pongo de pie de un salto, la piedra hace algo que no había hecho antes, la misma corriente en espiral que salía de las cuchillas de los Norshoks, del bastón de Keith y de la piedra azul que envolvió a Max, me está recorriendo la muñeca, siento un calor esparcirse por mis venas, y aquella piedra toma forma de una daga como de unos quince centímetros, de color plata con la piedra incrustada en el mango.

Es como si de alguna manera supiera que iba a suceder, empuño con fuerza el mango lo levanto un poco apreciando cada espiral rojo que se enreda entre el cuchillo y mi muñeca.

Doy un paso hacia adelante para atacar a Keith, cuando escucho la voz de Max detrás de mí.

—Espera —dice como si no le hubiera pasado nada —Estoy bien.

Me giro y veo a Max de pie con ambos brazos arriba mirandose el cuerpo, admirando lo que acaba de suceder, creo que Keith sabía exactamente lo que pasaría. Lo estaba probando, y ha reaccionado perfectamente.

—La piedra azul o piedra de Laux, brinda una protección extra a tu don Max Simonds —dice Keith dando unos pasos hasta la mesa—. Es decir que a pesar de lo grave que sean tus heridas podrás regenerarte en cuestión de segundos.

Me acerqué a Max y le toqué el pecho. Todo está justo como antes del ataque, era increíble, luego Max me miró y me sonroje un poco apartandome de inmediato de su lado. Me gire a donde estaba Keith.

—¿Cómo fue que antes se pudo cerrar una herida en la pierna de Max, si no tenía la piedra? —pregunto con mucha curiosidad.

Max me toca el hombro y me voltea hacia él.

—Phoebe —dijo mirándome el brazo derecho—. Tu eras la que tenía una herida muy grave en el brazo, cuando desperté en los escombros de la loza por la que caímos, me acerque a ti y te vi sangrando mucho, estabas inconsciente. Me asuste y puse mis manos sobre la herida, sentí de inmediato una corriente que me atravesó desde el brazo y me llego hasta el muslo, fue ahí donde se quedó una marca y luego se abrió hasta quedar de la misma forma que tu herida. Cuando te mire, estabas perfectamente bien. Pero el dolor en mi pierna era tan fuerte que me desmaye y al despertar estabas tu sobre mi.

—Bueno eso fue porque al estar en contacto con la piedra Rix, sus dones salieron a relucir —dijo Keith desde la mesa—. Pero necesitan de sus piedras para poder vencer a los Norshoks, ya que ellos poseen mucho poder.

—¿Pero como vamos a vencer a esos tipos? —dice Scarleth sentada al lado de mamá—. Si no tenemos idea de como pelear.

—Con sus dones y con el entrenamiento de los sabios de cada reino podrán volverse más fuertes para derrotarlos —dice Aneucys, después de estar callada por varios minutos—. Cada uno de ustedes es muy importante para que la oscuridad sea desvanecida.

—¿De qué don hablan? No poseo nada de eso —espetó molesta Scarleth.

Todos nos quedamos mirando a Scarleth, mientras ella se ponía de pie y sin que Keith se lo pidiera avanzó hasta la mesa donde Max tomó la piedra y colocó su mano derecha dentro del tazón plateado.

Desde donde estábamos pudimos apreciar la luz que abrazaba todo el cuerpo de Scarleth, llenándolo de un muy vivaz resplandor que se colaba por cada parte de su cuerpo y por cada ebra de su cabello naranja.

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