Tribulación

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Habían logrado subir la escalera aunque seguían persiguiendolos en lo que buscaban la siguiente escalera, ambos ya mostraban evidencias de las peleas, el peliverde iba corriendo a lado del rubio, le veía por el rabillo del ojo, no lo quería admitir pero estaba preocupado.

Alguien les disparó afortunadamente no le dió a ninguno, Zoro jalo al rubio para que se escondieran entre los autos en lo que él disparaba hacia atrás.

-Marimo deja de jalarme- le decía en voz baja el rubio y hacía amago de acomodarse la camisa naranja a rayas que ya lucía con sangre y un poco desgarrada, el chaleco de vestir que usaba estaba un tanto sucio pero sin la corbata, el peliverde podía ver su clavícula con leves raspones y un poco de su pecho con gotas de sangre, Zoro volteaba a todas partes para intentar localizar la escalera, Sanji iba a intentar correr pero el peliverde se lo impidio -¡¿que no puedes esperar un momento cejillas?!- era como si le gritara en voz baja, pero el rubio le hizo una señal con su otra mano para que se callara.

Ambos se dieron cuenta de que no se escuchaba a nadie corriendo, ni siquiera se escuchaba el barullo, Zoro se asomó levemente por entre los autos pero no vio a nadie -esto es raro...- se miraron y luego el rubio busco su celular, cuando lo saco vio que tenía la pantalla estrellada quizá en una de sus peleas lo rompieron, estaba inservible, soltó un suspiro.

-Entonces... si no vienes tendré que ir yo...- era la voz de ese hombre alto que le había dicho cobarde.

El rubio vio al peliverde, -rápido busquemos las escaleras- le soltaba el peliverde.

Se movieron con sigilo entre los autos y la oscuridad, divisaron la escalera de emergencia, el rubio sabía que era la única que faltaba para llegar al último piso y saltar al otro edificio, corrieron pero un grupo los interceptó enmedio de la penumbra y separaron al rubio que era sostenido de las costillas por el peliverde y en un ataque sorpresivo por parte del hombre alto golpeó al rubio en la cabeza dejándolo semi inconsciente mientras que lo tomaba por el brazo, aunque en medio de su aturdimiento Sanji intentaba luchar, el peliverde no dudo y se fue contra el hombre alto que hábilmente esquivó el ataque y lanzó al rubio a un par de hombres que rápidamente se lo llevaron cargando uno a cada costado; el peliverde quiso alcanzarlos pero el gran hombre se interpuso -¿acaso creíste que te dejaría?

El peliverde intentaba golpear al gran hombre a la vez que hacía el esfuerzo por alcanzar a los hombres con los que el rubio levemente forcejeaba, en uno de esos forcejeos el rubio se liberó pero al instante cayó al suelo, el peliverde lo vio y empujó a su adversario y logro alcanzar al rubio que se arrastraba, lo jalo y se fueron por las escaleras que estaban al costado de los elevadores.

Zoro como podía jalaba al rubio y con los tres hombres que se encontró los empujaba o les intentaba golpear con su katana, veía como el rubio hacía un esfuerzo máximo por no caer en la inconsciencia, podía apreciar que en su frente tenía sangre que se deslizaba por su ojo y mejilla y manchaba su camisa, aún así el rubio no se quejaba por las heridas es mas intentaba luchar con aquellos hombres, Zoro decidió sostenerlo otra vez no solo del hombro sino que pasó un brazo y lo sostuvo por la cintura; sintio lo delgado que era pero, mientras que el rubio pasaba su brazo por el cuello del peliverde -vamos cejillas solo un poco más- el rubio asintió levemente y siguieron.

Habían logrado llegar al techo, ambos sangraban, el peliverde vio el otro edificio que dijo el rubio, andaban lo más pronto que podían, estaban a solo metros de la orilla desde donde planeaban saltar, pero escucharon como varios hombres corrían.

-Te mueves y te puedes dar por muerto- tanto el rubio como el peliverde voltearon y ahí estaba, era el hombre alto llevaba un chaleco y pantalón negro, de cabello corto, traía una bufanda que impedía que se le viera la boca pero se le veían unas marcas de sutura quirúrgica en las mejillas , ambos se le quedaron viendo y de pronto el rubio arrugó el entrecejo, al peliverde le apuntaban directamente a la cabeza, se escuchó el sonido de varias armas listas para disparar -tu debes ser Katakuri...-Sanji soltó con un dejo de molestia, el peliverde abrió los ojos y recordó la plática con Iceburg.

Entre la espada y un rubioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora