Estaba acostumbrada a no hablar con Leo durante el fin de semana, no obstante, entender que esa realidad no cambiaría el lunes, ni el martes, ni el miércoles, me dejó desolada. Confirmarlo fue peor. El lunes en la noche estaba bastante deprimida, pero aún guardaba la esperanza de que me escribiera, también podría hacerlo yo, solo que no sabría qué decir. ¿Cómo podía empezar una conversación después de lo ocurrido?
El martes me senté en el césped cerca de la cancha de tenis y llamé a Mu que vino corriendo y se echó en el hueco de mis piernas. Lo acaricié mucho rato, mientras lo escuchaba ronronear una y otra vez. Si existía la reencarnación, quería ser un gato en mi próxima vida. La gata de alguna celebridad, como Taylor Swift, para poder viajar por el mundo, disfrutar de comida de primera y que me acariciaran todos sus novios y de pasadita, ver como cogían... Mis mayores virtudes serían ser gorda, peluda y mimada. Sería feliz igual que Mu y no tendría que sufrir por chorradas humanas como el amor no correspondido.
Pasé a un baño cercano, me sacudí el pelo de gato de los jeans y me lavé las manos y los brazos. Me compré un café. Malo para mi economía, pero bueno para mi corazón que necesitaba mucha felicidad. Luego me encaminé a mi salón de clases. Apuré el paso para no llegar tarde y en el camino me encontré con Juan que también subía las escaleras. Nos saludamos y en tono mitad en broma, mitad en serio, le pregunté por su secuaz, el señorito Miguel.
—Creo que ya está arriba —respondió entre risas.
—¿No se supone que los minions siempre están con su villano?
Juan se rio espontáneo de nuevo, se veía guapísimo cuando lo hacía. Al entrar al salón saludamos al mencionado y Juan tomó la mesa que estaba justo enfrente al profesor Roca al cual saludó afable. Por suerte, habíamos llegado dos minutos antes de la hora. yo no lo saludé, pero sí le sonreí, acto que él secundó muy brevemente. Tenía dientes bonitos.
—Oye, Max, —dijo Juan llamando mi atención—. El viernes de la próxima semana planeo dar una pequeña fiesta en mi casa. Piscina, pizza, cerveza... ¿Quieres ir?
—¿Puedo llevar a una amiga?
—Todas las que desees —contestó con una gran sonrisa que me hizo reír.
Faltaba más de una semana, así que podía decirle con antelación a Nat que me acompañase.
—Ok, envíame la dirección al WhatsApp. Hablaré con mi mejor amiga y te confirmo.
Me senté un par de puestos más atrás y para mi mala suerte o mala memoria, en realidad, el profesor Roca preguntó si habíamos hecho la investigación que nos había pedido. Me llevé las manos a la cara y exclamé para mis adentros: «¡Mierda!».
La clase anterior no había anotado nada, porque estaba segura de que no volvería a pisar ese salón y luego con todo lo ocurrido con Leo, simplemente había olvidado escribirle a Juan para preguntarle sobre la investigación. Para completar, cuando levanté la cara, el profesor Roca me estaba mirando e hizo una mueca indescifrable.
—Los que no investigaron no tendrán ningún punto extra. Aunque les aconsejo a todos tomar apuntes de la información.
Saqué mi libreta, el profesor comenzó a disertar con los alumnos sobre los tipos de centrales de generación hidroeléctrica según altura de salto, potencia y aprovechamiento. Tomé notas de todo y lentamente me uní al debate, pero no demasiado, sí me pedía que leyera un concepto en concreto no podría, no tenía ni idea.
—Señor Rodríguez, eso lo investigó en casa como le pedí o lo está buscando en internet en este momento —le dijo el profesor a un alumno y yo apreté los labios.
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A la Máxima (completa)
Teen Fiction«Salir con un hombre como él está mal. Máxima lo sabe, su lógica se lo dice, su mejor amiga se lo recuerda. Aun así, decide hacerlo». El semestre comienza y Máxima se entera de que hubo un error en el sistema de las inscripciones de la universidad y...
