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Otro día, otra jornada de universidad y trabajo. No es que me moleste la perspectiva de mis actividades del día, todo lo contrario, me gustan, pero por alguna extraña razón, tengo un raro presentimiento de que algo pasará, aunque no sé el qué.

No deben de ser más que tonterías, imaginaciones mías, mas no puedo quitarme la sensación del cuerpo y perdura aún luego de la ducha y de prepararme para irme. Agarro mi mochila y bajo las escaleras lista para salir por mi bicicleta, no obstante, no todo puede ser perfecto y mi racha de mañanas tranquilas se ve truncada cuando, al entrar a la cocina por un durazno para ir comiendo en el camino, me encuentro con mis padres desayunando cereal de tofu con leche de soja. No creí que estarían aquí, pensé que estarían haciendo yoga como todas las mañanas en el jardín, por lo que no me molesté en ser precisamente silenciosa y, en cuanto pongo un pie en la estancia, automáticamente quiero desaparecer para no tener que ver la cara malhumorada de mi familia al mirarme de arriba abajo de una. 

-¿Qué se supone que traes puesto esta vez? ¿Por qué no puedes vestir normal para ir a la Universidad? Te vez ridícula con eso, deberías ir a cambiarte.

Por un momento, me mantengo en silencio mientras repaso mi atuendo en mi cabeza, pensando en qué puede ser lo que más le molesta a mi madre de mi vestimenta: llevo una camiseta negra ancha con el logo de una de mis bandas favoritas en el frente, una gorra negra hacia atrás con algunas cadenitas y anillos en la visera, un vaquero de color vino, unas botas de caña alta tipo borsegos con cinco tiras con hebillas por el frente, cordones y cinco cadenas por detrás y unos guantes sin dedos que van desde mi palma hasta el codo del mismo diseño que mis botas. Mis uñas están negras y llevo un par de anillos en mis dedos. (multimedia)

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Seguramente las botas y guantes son el problema, lo demás es bastante normal como para que no moleste con eso

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Seguramente las botas y guantes son el problema, lo demás es bastante normal como para que no moleste con eso. Ignorando sus palabras, me limito a tomar el durazno e irme antes de que pueda responderme, aunque eso no quita que la escucho gritarme.

-¡No me ignores Sunshine!

-¡No voy a cambiarme, ya te lo he dicho, me gusta mi ropa!

Sin querer escuchar más, salgo en mi bicicleta y me encamino a mi universidad, pensando en el extraño sueño que tuve anoche. Esos ojos... No puedo quitarme de la cabeza la forma en la que me miraban, como si quisieran atraerme hacia ellos, ambos, pero se pelearan entre sí por mi atención. Los verdes eran tan intensos, parecían luces de neón brillando en el medio de la noche solitaria, marcando un camino para mí, solo para mí. En cambio, los dorados, si bien brillaban también, era un brillo tierno, como una caricia sobre mí. 

El JugueteroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora