Encadeno la bicicleta como siempre al poste de luz que hay cerca de la puerta de la juguetería y entro, haciendo que la campanita suene automáticamente, avisando de la llegada de alguien al local. Comienzo a quitarme la mochila al tiempo en que me acerco al mostrador y me sorprendo al encontrar a Mr. Bunny apoyado contra la caja registradora sobre el mismo. Qué raro, ¿Jason lo habrá cambiado de lugar? Restándole importancia, dejo la mochila en el estante bajo la mesada donde está acomodado el conejo y saco mi almuerzo, el cual por suerte, aún está tibio.
Es obvio que Jason está ocupado y que sabe que soy yo, siempre soy puntual y no es necesario que aparezca cada vez que vengo, después de todo, estoy aquí para que pueda concentrarse con tranquilidad en sus juguetes, por lo que simplemente me dedico a comer en paz y a sacar mi cuaderno de dibujos, quiero darle un par más de detalles al de hoy antes de ponerme a hacer las tareas. Tengo un informe de tres mil palabras para mañana sobre la mutación del lenguaje desde sus inicios más propios hasta la actualidad y sus variaciones de lunfardo debido a la ubicación, cultura, etc. Síp, toda una lata, mas no puedo quejarme, es lo que tengo que cumplir, cada tarea y examen aprobado es un peldaño más hacia mi ansiado título.
Doy un bocado nuevo a la pasta mientras abro el cuaderno, y el grupo de trazos y matices que forman el rostro del pelirrojo aparecen frente a mí. Debo admitir, sin caer en vanidad, que me quedó bastante bien. Termino de masticar y agarro el lápiz negro para hacer un detalle, cuando una puntada a la altura del vientre me hace ahogar una exclamación de dolor. El elemento artístico cae de mi mano casi al instante de ser tomado entre mis dedos y llevo ambas manos a la zona de dolor, apretando el punto en un vano intento de mitigar la molestia.
Esto solo puede significar una cosa: sangre.
Rápidamente cojo mi teléfono y reviso el calendario, dándome cuenta de que, en verdad, tiene que venirme entre hoy y mañana, por lo que este dolor es solo el preludio de lo que viene y es mejor abrir el paraguas ahora para frenar las molestias, antes de que ellas me alcancen y me pase tres días sufriendo como condenada.
Inmediatamente, como si me hubieran metido un cohete en el culo, agarro de mi mochila el neceser donde tengo todo para estos días y corro al baño. Por suerte solo fue el dolor, no ha bajado aún, por lo que me da tiempo de evitar un episodio vergonzoso que involucre al color rojo en mi ropa con una toalla higiénica y a tomarme una pastilla para frenar las puntadas antes de que se vuelvan insoportables. Si ya de por sí no soy precisamente lo más dulce que hay sobre la tierra, con el período en curso soy una perra total, sin embargo, estoy en el trabajo y debo disimular.
Suspirando ahora más tranquila y con la pastilla en la lengua, salgo en busca de agua para bajarla, mas casi me ahogo y empiezo a toser como loca al ver que, el lugar antes vacío de personas y solo ocupado por el conejo multicolor de felpa sobre el mostrador, ahora está siendo ocupado por el pelirrojo, cuyos ojos están fijos con curiosidad en el libro que sostiene en las manos que, para mayor alarma para mí, no es otro que mi cuaderno de dibujos.
Mi ataque de tos por la sorpresa parece ser suficiente para acaparar su atención y hacer que levante esos dorados iris del cuaderno en dirección a mí con una ceja alzada. En completo silencio, estira una mano hacia mi botella de jugo y me la extiende, cosa que acepto gustosa y necesitada, y bebo un poco para poder calmarme.
Cuando por fin puedo respirar normal y sin toser, me centro en Jason y mi preocupación por lo que habrá visto dentro de las páginas de mi libro. Si bien mis dibujos mas psicópatas y cruentos no están ahí, sino que se encuentran terminados y colgados en mis paredes, algunos de mis bocetos (que no por ser simples bocetos dejan de tener mi estilo de dibujo, el cual cualquier psicólogo seguro calificaría de demente y sádico), aún permanecen entre sus hojas, sin mencionar el dibujo que hice hoy sobre él, y temo que me tome de loca o tenga miedo de mí, que me crea una psicótica o sociópata acosadora y me despida o peor, me denuncie.
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El Juguetero
DiversosQue tus viejos no acepten quien sos porque no vas con su onda, es realmente molesto. Yo sé que no me odian, me aman, pero lo que he elegido para mí (algo completamente opuesto a su vida y creencias hippies) no es de su agrado en absoluto y es muy pe...
