Pov Queen:
La canción de Blood, de In this moment, suena en mi cabeza una y otra vez, acallando los gritos de dolor que están sonando por todo el espacio que me rodea mientras avanzo por el reino de Zalgo hacia la salida, a mi próxima misión. No es que odie a Jason, jamás podría, porque él ha hecho muchas de esas cosas que dice la canción y yo lo amo, pero la palabra sangre no para de repetirse en mi cabeza y es lo que va a pasar dentro de poco. Es una rara mezcla que hay en mi cerebro en éste momento.
Llegando al portal que me llevará de nuevo al plano humano, mis ojos pasean por los lados del camino y me asqueo y enojo por las cosas que veo: soy una maldita asesina de sangre fría, sí, mas lo que hacen estos desgraciados esbirros, es repugnante. ¿Qué carajo les pasa? ¿Violar a un hombre por detrás con una masa medieval de puntas mientras le atraviesan la lengua con una estaca de hierro al rojo vivo? ¡POR EL MALDITO INFIERNO, ESO HASTA PARA MÍ ES ENFERMO! Bueno, quizás más repugnante que otra cosa...
Para ser sincera, la verdad es que no les caigo para nada bien a estos infelices, no sé si es que me tienen miedo o si, por el contrario, solo me odian porque soy la "nueva asesina" de su jefe. Sea como sea, desde el momento en que me presentó a sus bichos por primera vez, ese descontento se hizo más que evidente, y ahora, cada vez que me ven, su desprecio o asco o cualquier otro tipo de sentimiento de disgusto, se hacen evidentes en sus caras. Es escuchar mis pasos o el sonido de arrastre de mi martillo por el suelo, y automáticamente se alejan entre siseos de enojo y rechazo, dejando claro que no me quieren cerca. Mejor para mí, porque yo tampoco los quiero tener a menos de diez metros de mi persona. Ya le advertí al maldito cornudo que, como uno me moleste, terminará aplastado y/o destripado, si o sí. No tuvo objeción.
Al principio me molestaba ésta cosa pesada y desproporcionada, al punto de solía llevarlo arrastrando y haciendo profundos surcos en la tierra por el peso del mismo tras de mí, no obstante, ya no pasa, me he adaptado a llevarlo en el hombro en su mayoría, así que ahora no dejo una tan clara evidencia de que he pasado por algún lugar.
Una semana, una maldita semana ya ha pasado y estoy odiando cada vez más este puto lugar: cada mañana, por llamarla de alguna manera, despierto por los infernales gritos de los desgraciados que están atrapados aquí, tengo que soportar los cientos de pares de ojos que me vigilan casi a cada rato y, como si fuera poco, el infeliz de Zalgo no deja de recordarme que no puedo acercarme a mi juguetero bajo ninguna circunstancia; lo aborrezco con todo lo que se supone que es mi corazón, al cual ya no siento latir desde que me convertí en ésta cosa.
Excepto quizás en un momento en particular: cuando esos pequeños seres esponjosos, que deberían ser inanimados y no lo son, aparecen con tiernos mensajes para mí. Los juguetes, las creaciones de mi amado juguetero, son los que me mantienen tranquila, o por lo menos, medianamente tranquila, porque me avisan que él está buscando cómo hacer para ayudarme a salir del problema en el que estoy metida. Y pensar que hice esto para ayudarlo... ¡Ja! Me comporté tal y como las estúpidas protagonistas de libros para adolescentes... Debí escucharlo y dejar que él se encargara. Todo por pensar en los sentimientos y no con el cerebro.
Sí, él está a salvo, mas está sufriendo por tener que verme así y sin poder estar juntos; que puto desastre. A veces me pregunto si soy idiota y no me di cuenta. En fin, ahora tengo que encargarme de un infeliz que no ha cumplido su trato con mu jefe, quizás pueda entretenerme con eso momentáneamente.
En cuanto llego al portal que me sacará de ésta porquería de espacio interdimencional, me quedo un par de segundos observando el fuego de color azul, rojo, verde y amarillo entremezclándose, antes de suspirar y traspasarlo para volver al mundo humano y sentir una vez más el ansiado viento dándome en la cara y entremezclándose entre los mechones de mi pelo. Sé que ya no me veo como yo misma, nadie me reconocería, y menos donde estoy que ni siquiera es cerca de donde desaparecí, no obstante, me alegro de estar de nuevo aquí.
ESTÁS LEYENDO
El Juguetero
SonstigesQue tus viejos no acepten quien sos porque no vas con su onda, es realmente molesto. Yo sé que no me odian, me aman, pero lo que he elegido para mí (algo completamente opuesto a su vida y creencias hippies) no es de su agrado en absoluto y es muy pe...
