Escribo la última palabra de mi ensayo y dejo el bolígrafo a un lado, suspirando tranquila por haber terminado por fin el trabajo para mañana. Estuve menos de una hora para hacerlo, no fue complicado, y quizás habría terminado antes si mi mente no insistiera en remontarse a esta tarde, cuando Jason casi me revela su "secreto".
Todavía casi puedo sentir su cercanía, lo confidencial que parecía comportarse, como si lo que iba a decirme fuera sumamente importante. Lastima que no supe qué era.
Justo un segundo antes de que soltara esas palabras por su masculina boca, la campanita del local sonó y comenzó enserio mi horario de trabajo. Antes de desaparecer en el taller, el pelirrojo me dedicó una sonrisa y no volvió a salir en casi toda la tarde; solo apareció una vez cuando un hombre con un niño pequeño apareció pidiendo sus servicios como reparador de juguetes para un auto con mecanismo de movimiento hecho a mano. Era realmente hermoso, de madera pintada con sumo cuidado y dedicación, demasiado bonito y bien hecho como para desperdiciarlo echándolo a la basura, casi podría considerarse una especie de sacrilegio.
Por suerte ese hombre sí que sabía apreciar lo bueno y se lo entregó a Jason para que lo salvara. Me alegró bastante, el niño que debía de ser el hijo del hombre, parecía realmente angustiado por la situación de su juguete hasta que el ojidorado se agachó ante el y le prometió que para dentro de tres días estaría como nuevo. El gesto de regocijo del pequeño era impagable y sorprendió mucho al pelirrojo al abrazarlo en agradecimiento, me pareció una estampa de lo más tierna. Sin embargo, esa fue la única vez que él salió en la tarde del taller hasta que calló la noche.
Él me apresuró a que llegara a casa; el cielo estaba tan cargado de nubes que era obvio que en cualquier momento se desplegaría una tormenta y, según Jason, no deseaba que me enfermara por pedalear bajo la lluvia hasta mi hogar. Siendo sincera, el mojarme no era algo que me molestara o preocupara, pero como no quería incomodarlo a él, decidí hacerle caso y me fui, aún a pesar de que la intriga me carcomía por dentro.
Pocos minutos después de llegar, las nubes se abrieron y una lluvia torrencial calló sobre el edificio, los relámpagos iluminando el cielo como flashes de cámaras y los truenos que los seguían hacían vibrar las ventanas al punto de que pareciera que, en cualquier momento, éstas reventarían en pedazos. El viento soplaba con fuerza, provocando silbidos en el entorno, susurrando cosas inentendibles en la noche y, cuando menos lo esperé, la luz se fue, dejando la casa sumida en penumbras.
De eso han pasado ya cuatro horas, la lluvia no ha cesado ni bajado el volumen o fuerza, los truenos no han parado de acompañar a los relámpagos que caen con bastante frecuencia y la luz no ha vuelto; tampoco el viento ha suavizado su intensidad y sigue haciendo estremecer las ventanas junto con los truenos. Suelto un suspiro y contemplo en silencio la llama de la vela sobre mi escritorio; es tarde y mis padres no volverán por esta noche, me lo avisaron por mensaje ya que estaban en la casa de uno de sus amigos activistas y no podían salir de ahí por la tormenta, así que estaría sola hasta que la tormenta amainara, o sea, mínimo hasta mañana por la mañana.
No es algo que me preocupe, estoy acostumbrada a la soledad y tengo batería suficiente en el teléfono para no preocuparme, además de velas varias y comida. Puedo pasar esta tormenta sola sin ningún tipo de preocupación.
Mi estómago elige ese preciso instante para hacer acto de aparición y decido ir abajo por algo para comer ya que, con lo de escribir el trabajo a mano, me olvidé de cenar. Con cuidado, agarro la vela y me encamino al piso de abajo, hacia la cocina: mi madre me dejó hecha sopa de verduras, que fue lo que ellos almorzaron hoy al medio día, así que la pongo sobre la hornalla encendida para que se caliente luego de dejar la lumbre sobre la mesada y mientras ésta se calienta al punto donde me gusta, la revuelvo tarareando suavemente una canción que ronda en mi cabeza, hasta que un sonido me llama la atención.
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El Juguetero
RandomQue tus viejos no acepten quien sos porque no vas con su onda, es realmente molesto. Yo sé que no me odian, me aman, pero lo que he elegido para mí (algo completamente opuesto a su vida y creencias hippies) no es de su agrado en absoluto y es muy pe...
