Son las cinco de la mañana y yo ya estoy despierta. El sol ni siquiera ha asomado, todo el lugar está obscuro e iluminado con los tenues rayos de luna que asoman entre las cortinas. Uno da justo sobre mi dibujo de ayer en la pared (el cual puse ahí antes de acostarme) y, con esa iluminación, parece aún más tétrico y cruento.
Sabiendo que no podré volver a dormir, decido levantarme y me encamino a la ducha, dispuesta a relajarme con el agua cayendo sobre mí con tranquilidad y hacer mi rutina con calma y sin apuro. Una vez que ya estoy limpia y seca, me pongo una camiseta negra con diseño blanco en el pecho, vaqueros azules desgastados del frente y unas zapatillas vans negras con blanco. Me delineo los ojos, me cepillo el pelo dejándolo suelto y agarro mi mochila; son las seis y media, lo que quiere decir que estuve tranquila para hacer mis cosas y tengo tiempo de sobra.
Con eso en mente, salgo en busca de mi bicicleta y me encamino hacia la universidad, ya que se supone que tengo que encontrarme con Ericka frente al edificio de la misma a las siete para desayunar juntas. Pedaleo con calma, ya que no tengo ningún tipo de urgencia hasta que, al igual que ayer, paso frente a la juguetería y no puedo evitar quedármela viendo. Las persianas están bajas actualmente, lo que me hace casi imposible admirar la belleza de los juguetes que vi la noche pasada, mas no puedo evitar sentir intriga por el establecimiento tan... ¿Cómo decirlo? ¿Antiguo, quizás? ¿Tal vez arcaico? No, eso no; si bien parece una de esas jugueterías de una época anterior, no es precisamente vieja y destartalada, pareciera más que es una decoración o un simple estilo del lugar, algo para darle una temática.
El cartel de CERRADO sobre la cortina en la puerta de vidrio no hace más que aumentar mis ansias de entrar, de verla abierta y adentrarme entre los escaparates de madera y cristal y poder contemplar el interior con mis propios ojos, en vivo y directo, sin embargo, sé que tendré que esperar por ese placer y, dándome por vencida y posponiendo mis ansias, vuelvo a montarme correctamente el la bici y vuelvo a pedalear para encontrarme con mi compañera de desayuno.
Veo la reja que rodea al campus y, justo cuando freno junto a ella, la rubia aparece a mi costado con una sonrisa tranquila.
-Justo a tiempo, ¿lista para una café y un par de sándwiches tostados?
-Claro, ¿por qué no? Tú guía, yo te sigo.
Engancho mi bicicleta donde va con la cadena en su lugar y nos encaminamos a una cuadra de distancia de la entrada de la universidad, entrando a una pequeña cafetería bastante pintoresca de colores cálidos y ambiente tranquilo, donde flota suave música de piano. Un chico de no más de diecisiete años se nos acerca con una libreta en la mano y un delantal con el nombre del local.
-Buenos días, bienvenidas a Sweet Coffee, ¿qué les traigo?
-Yo quiero un café con crema y un tostado de jamón, queso y tomate.
-Yo quiero un batido de durazno y banana y una porción de pastel de chocolate y crema.
-Enseguida se los alcanzo.
El chico toma nota y se retira, dejándonos a nosotras por nuestra parte para poder charlar en paz.
-Ahora, estuve pensando anoche antes de dormir y creo que debería de avisarte un par de cosas que te serán útiles.
-¿Como cuáles?
-Bueno, puede que esto sea un pueblo, pero eso no quita que siempre hay algún grupito que se cree los dueños del lugar.
-Eso parece ser infaltable a donde sea que voy.
-Me imaginé que habías viajado mucho, ya después me contarás, sin embargo, volviendo a lo que te decía, en este lugar, ese puesto lo ocupan Lyla y Joshan, que son los dos que se te quedaron mirando ayer en la clase.
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El Juguetero
AcakQue tus viejos no acepten quien sos porque no vas con su onda, es realmente molesto. Yo sé que no me odian, me aman, pero lo que he elegido para mí (algo completamente opuesto a su vida y creencias hippies) no es de su agrado en absoluto y es muy pe...
