Euforia. Esa era la palabra que definiría ahora mismo el estado en el que me encontraba. Sentía que podía hacer cualquier cosa que me propusiera en ese momento, podía saltar lo más alto del mundo o correr todos los kilómetros del planeta tierra.
Ese concierto había sido uno de los más especiales de mi vida, parecía mentira después de todo lo que había dudado por esa gira. No me imaginaba como serían de increíbles los siguientes pero en ese mismo momento todos los nervios que habían invadido mi estómago horas antes se habían convertido en una sensación increíble que deseara que no desapareciera nunca.
Camino al hotel, que no había apenas nada pero teníamos que ir en coche, compartía con Mimi todas las sensaciones que me habían recorrido esa noche recibiendo sonrisas por su parte como si la encantara escucharme decir cosas así. Al llegar había un pequeño grupo de fans esperando para darnos la enhorabuena, cosa que agradecí infinitamente porque sentir que de verdad mis sentimientos encima del escenario hubiesen llegado a más gente era algo digno de escuchar. Tras un par de fotos subimos arriba casi corriendo por las escaleras entre risas.
Teníamos habitaciones en el mismo pasillo asi que fuimos juntas hasta que se paró en seco frente a una puerta.
- Entra anda que así te doy tu pijama - sonrió metiendo la tarjeta en la cerradura
La habitación era exactamente igual que la mía pero al entrar se respiraba el olor que ella desprendía, el que iba dejando allá donde iba aunque solo hubiese estado cinco segundos.
Se deshizo de los zapatos que llevaba puestos invitándome a sentarme sobre la cama mientras buscaba ese pijama que iba a darme. De repente paró bruscamente agarrando un jersey gris entre las manos mientras se sentaba en el suelo sin separarse de el.
Era inconfundible. Imposible no acordarme de ese jersey que tantas noches había pasado pegado a mi cuerpo, llenándose de lagrimas porque la habían expulsado de la academia.
- ¿Te acuerdas? - sonrió intentando no mostrar la tristeza en su voz sin ser capaz de mirarme a los ojos
- Claro que me acuerdo Mimi
Intenté que mi cabeza no entrase en un cortociuito al empezar a rememorar todos los momentos que había pasado olisqueando ese jersey para que nunca se me fuera de la memoria ese olor al que había pasado noches pegada hinundando mis fosas nasales. Lo intentaba porque sabía que de recordar todo la coraza que me había esforzado por construir entre todos los recuerdos juntas se desvanecería dejando solo sitio para las lagrimas que se agolpaban en mis ojos pero que nunca dejé salir.
Cuando volví a mirarla sus ojos habían empezado a soltar cataratas de agua que se amontonaban en sus mejillas hasta caer encima del mismo jersey que ya nos había chupado las lagrimas a los dos. Inconscientemente me acuclillé frente a ella levantándola el mentón para que me mirara a los ojos pero eso solo consiguió que mi corazón se resquebrajase como aquella vez.
- ¿Porque Ana? ¿Porque me hiciste algo así? - las lagrimas seguían brotando de sus mejillas
- Ni siquiera me dejaste explicártelo Mimi yo no... - suspiré intentando ocultar las lagrimas que se agolpaban en mis ojos
- Yo lo ví Ana yo lo ví - se levantó bruscamente dejando el jersey a un lado
Esa conversación la habíamos tenido ya taaantas veces. Millones diría yo. Jamás me dejó explicarla nada. Tampoco ahora me iba a dejar ni era el momento adecuado para hacerlo. Cada una había tomado ya su propio rumbo.
- Lo siento no debí... - se disculpó hechándose las manos a la cara
Me levanté acercándome a ella lentamente. Aparté las manos de su cara dejándolas abajo de nuevo. Con mis pulgares limpié todo rastro de lagrimas que quedara allí antes de conectar sus ojos con los míos sin separar mis manos de allí.
- Es pasado ¿si? No merece la pena recordarlo - me intenté auto convencer
- Siempre acaba volviendo Ana, siempre lo hará si cada cosa que veo de una manera u otra me recuerda a ti - suspiró pesadamente - Esque si al menos guardara un recuerdo bueno de ese puto jersey en vez de el de tú tirándomelo a la cara...
- Tienes mil más bonitos que ese, pasaba el día con ese jersey puesto incluso en tu casa - reí
- Con ese, con el azul, con todo mi armario... - rió ganándose un puñetazo en el hombro por mi parte
- ¿Sabes que? Creo que ese es mi pijama de hoy - sonreí con los labios juntos
- No tienes porque Ana
- Shhh - puse el dedo índice sobre sus labios - Quiero hacerlo
Tras eso me gané una buena sonrisa por su parte. Charlamos un rato más, cenamos algo en su habitación ya ella con su pijama de dos piezas negro puesto... Recogí el jersey del suelo antes de abrir la puerta para disponerme a irme cuando una voz soñolienta me detuvo.
- Ana
- ¿Si? - giré sobre mi misma con la mano sobre el pomo de la puerta
- ¿Estás segura de que quieres que sustituya todos los momentos malos por uno de los buenos?
- No entiendo ¿porque no iba a estar segura?
- Porque si ya no encuentro nada que me haga pensar que no te quiero ¿como voy a dejar de hacerlo?
Mi corazón se paró en ese preciso instante en el que las palabras salieron de su boca probablemente a causa del sueño. Minutos después ya escuchaba su respiración pausada lo que indicaba que se había dormido, cosa que agradecía porque no me veía mentalmente preparada para responder a esa pregunta.
Llegué a mi habitación con mil pensamientos en la cabeza como solía pasarme desde que toda esta locura comenzó. Me desmaquillé todo lo bien que pude antes de colocarme el jersey, que increíblemente seguía oliendo igual que lo recordaba al igual que se seguía amoldando a mi figura de manera perfecta. Al ver mi reflejo en el espejo suspiré, si no fuera porque ella ahora mismo no estaba sobre mi cama parecería que nada había cambiado pero ahora estaba a unas habitaciones de distancia entre unas sábanas que no olían a mi sin esconderse en mi cuello como la encantaba hacer.
Me escondí entre las sábanas boca arriba, sustituyendo el recuerdo de que ya no estaba por el que rememoraba las noches en las que su olor a champoo que nunca diría la marca hinundaba mi barbilla mientras yo recorría su pelo de raíz a puntas hasta que la sentía plácidamente dormida con su mano en mi cadera y su "Te amo mi reina" que susurraba antes de dormir pero que al parecer no quería volver a susurrar ni mucho menos a sentir.
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Nuestro momento
FanfictionCuando la carrera de Ana Guerra empezó a caer en picado gracias a su relación con Miguel Ángel Muñoz su discográfica decidió ayudarla a relanzarla más movidos por el dinero que ella había generado tiempo atrás que por un verdadero afecto a la artist...
