En cuanto me quedé sola el en comedor, sentí una furia incontenible. Esa donante era una completa imbécil. Mientras yo intentaba salvarla ella se dejaba morder y todo para convertirse en un vampiro, cosa que ellos ni siquiera pretendían hacer.
Como si eso fuera poco, había soltado que mi hermana estaba escondida en una iglesia y a pesar de que no sabía en donde estaba, era muy probable que se encontrara en una. Sin quererlo los estaba conduciendo directamente a ella.
Tomé mi plato y lo llevé hasta mi habitación para comer tranquila, sin nadie que se apareciese a desparramar sangre delante de mi cara. Mastiqué con fuerza, con el ceño fruncido, pensando, maquinando, odiando a esos monstruos y odiando a la estúpida chica que intentaba ser una de ellos.
Finalmente dejé el plato sobre la cama y no soporté más. Salí de mi habitación y golpeé con fuerza la puerta de Godric.
– Pase– dijo él, desde el otro lado.
Abrí la puerta y me metí dentro, antes de que me sacara a patadas. Me miró algo confundido por tenerme allí.
– ¿Puedo hablar con ella? – dije señalándola con la cabeza, metiendo las manos en los bolsillos traseros del vaquero.
– ¿Por qué no? – dijo él encogiéndose de hombros y salió de su habitación, mirándome con cierta diversión maliciosa en los ojos.
En cuanto cerró la puerta caminé hasta la cama en donde ella estaba sentada tomando algo caliente. Sus ojos color café se posaron en mí con cierto interés. Tenía un rostro temeroso, como si yo fuera a atacarla y no estaba del todo equivocada.
– ¿Tú eres tonta o qué? – dije mirándola desde arriba con seriedad.
– ¿Perdona? – inquirió ella parpadeando rápidamente, como si no comprendiera lo que le decía.
– Casi te matan dos veces y dejas que lo hagan tan tranquilos... ¿Eres suicida o qué? –
– Eres como yo– respondió ella en voz baja– eres una humana en una casa de vampiros. Sé que tú también quieres convertirte en una de ellos–
– Yo no quiero ser un vampiro– negué arrugando el rostro– estoy secuestrada, me odian y los odio. Eso es todo–
– No lo entenderías entonces–
– Claro que sí... Entiendo que quieras una vida eterna. Lo que no entiendo es que estés dispuesta a matar gente, vivir solo de noche, dejar atrás a tus seres queridos... Todo ¿Por qué? ¿Para no envejecer? –
– No hace falta que te alteres. Tenemos puntos de vista distintos, eso es todo–
Pero eso no era todo. Con una vena a punto de saltarme del cuello, puse mi cara más seria y la miré.
– Si yo no hubiese dado una respuesta a lo que me preguntaban, en este momento estarías muerta– solté de pronto– me debes una–
– Me estás chantajeando–
– Hacerme un pequeño favor es lo mínimo que puedes hacer después de que te salvé la vida–
– Muy bien– suspiró ella, bebiendo un poco de la taza que tenía entre las manos.
Admito que lo aposté todo a una sola posibilidad. Eran muy pocos los que sabían que la verbena evitaba que los vampiros te manipulasen y que además los debilitaba con el paso de los días, era algo conocido dentro del grupo de cazadores de vampiros, pero no algo que cualquier otro humano supiera.
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Luna de Sangre
VampireApril Fontaine estuvo siempre segura de que los vampiros eran monstruos horribles. Cedric Leblanc siempre pensó que los humanos solo eran un alimento. Pero obligados a convivir... ¿Pueden cambiar sus prejuicios?
