April Fontaine estuvo siempre segura de que los vampiros eran monstruos horribles.
Cedric Leblanc siempre pensó que los humanos solo eran un alimento.
Pero obligados a convivir... ¿Pueden cambiar sus prejuicios?
Mi habitación no era un lugar demasiado acogedor y yo no me sentía en absoluto un huésped. Estaba acostada en una cama que no era la mía y tenía frío, en todos los rincones de aquel lugar no había ni rastro de un poco de calor.
Junto a la cama había una pequeña mesilla de noche, en la que se hallaba un velador que desprendía una tenue luz anaranjada. Y luego, todo lo que había era una pesada cortina rojo sangre, que cubría un ventanal inmenso.
El estómago me rugía, no tenía sábanas, no tenía ropa de repuesto más que los vaqueros ceñidos y el sweater azul oscuro que llevaba puestos y no tenía forma de conseguir nada de todo aquello.
Oí un par de golpecitos en la puerta y alguien asomó la cabeza dentro de mi habitación. Cedric carraspeó y entró.
– ¿Necesitas algo? – me preguntó, y la boca estuvo a punto de abrírseme de par en par por la sorpresa.
– ¿Qué haces aquí? – dije frunciendo el ceño.
– Preguntarte si necesitas algo– dijo forzando una sonrisa tirante.
– ¿Ya no soy solo comida? – dije cruzándome de brazos.
– Aún lo eres– respondió él, levantando las cejas– pero parece que mi padre tiene otros planes para ti, y pretende que yo sea alguien educado, incluso con humanos–
– Pues... No necesito nada– dije mirándolo con dureza, pero mi estómago me traicionó y soltó un gruñido recordándome que no había comido nada desde el almuerzo–
- Supongo que tienes hambre- dijo volviendo a abrir la puerta a sus espaldas- ven conmigo-
Cedric me condujo por aquella mansión que parecía un laberinto, hasta que llegamos a la cocina más increíble que había visto en mi vida.
Era un espacio amplio, repleto de alacenas, mesadas espaciosas y muebles de ébano. También había una heladera plateada, que parecía nueva. En el centro se hallaba una isla bastante grande y algunos taburetes a juego con los muebles.
– ¿Por qué tienen todo esto? – pregunté sin poder dejar de mirar todo lo que me rodeaba.
– Nosotros también comemos– respondió él, sentándose en uno de los taburetes.
Allí sentado, en medio de una cocina, vestido con una fina camisa negra y un par de vaqueros, no parecía en absoluto un vampiro, solo alguien extremadamente bello pero humano.
– ¿Puedo ver? – dije señalando la heladera, un tanto incómoda.
– Respondería que no– dijo suspirando– pero supongo que mi padre no estaría de acuerdo. Adelante-
Mi estómago volvió a gruñir, abrí la heladera y retrocedí de un salto, espantada.
La heladera estaba llena de bolsas de sangre, como las que se usaban es los hospitales para donaciones. Me volví hacia él, y noté me observaba con una sonrisa divertida.
– Si apartas un poco la sangre, también hay comida–
– No importa– dije cerrando la heladera sin siquiera volver a mirar.
– En la alacena hay algo– me dijo señalando uno de los modulares.
Lo miré con cara de pocos amigos, preparada para encontrar más bolsas de sangre, pero cuando la abrí, vi que no mentía. Había algunos paquetes de fideos y salsas instantáneas. Los tomé y rebusqué entre los muebles, hasta que di con algunas ollas, porque al parecer Cedric no estaba dispuesto a ayudarme en lo más mínimo.
– Entonces... ¿No solo beben sangre?– pregunté, mientras revolvía los fideos para que no se pegaran.
– Nos gusta comer comida humana. Es rica, pero no nos llena. Es algo así como un entretenimiento– explicó– ahora... Pregunta lo que realmente quieres saber–
– Sí, bueno... ¿Qué quieren de mi hermana? –
– Matarla, eso es obvio– dijo mientras se bajaba del taburete y caminaba hasta una de las mesadas, en la que había muchísimas botellas de alcohol.
Se sirvió un vaso de whisky y volvió a mírame, mientras bebía un trago.
– Tu hermana mató a uno de los nuestros– continuó– y ahora tiene que pagar–
– ¿Cómo saben que fue ella? –
– Lo sabemos y punto–
– ¿Es por venganza? ¿Eso es todo? – inquirí sin poder creérmelo.
– Sabes... Por tu bien, será mejor que nunca saques este tema con Destiny. Ella está más furiosa que cualquiera–
– Ustedes... ¿Son todos una familia? –
– Suficientes preguntas– me interrumpió, terminado su trago– come y haz lo que quieras, te aconsejo que duermas en la mañana porque durante la noche no podrás hacerlo–
– ¡Espera! Necesitaría... No lo sé... Ropa... Un baño–
– Eres bastante pretenciosa...– dijo enarcando una ceja y enjuagando el vaso que acababa de usar, en el fregadero– no hay ropa...–
– Eso no es verdad- lo interrumpió la voz profunda de Cornelius, entrando a la cocina– tú tienes ropa que darle...–
– No creo que sea buena idea– respondió Cedric, mientras yo los miraba a ambos como si fuese un partido de tenis.
– No importa... En verdad no la necesito...– comencé a decir, rascándome la frente.
– Yo creo que sí– me cortó tajante Cornelius– Cedric, dale esa ropa–
– Lo siento, pero no. Que le pida a Destiny o que use algo de las donantes– respondió él, saliendo de la cocina.
– Búscala, seguramente tendrá algo que ya no use– me dijo Cornelius– pero apresúrate... Puede que salga de caza–
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