Capítulo Veinticinco

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– Cada uno de ustedes me dará una muestra de su sangre– dijo Fausto mirándonos con los ojos brillantes.

– ¿Qué? – pregunté yo, parpadeando como una tonta.

– Será solo un poco, tranquila– me aclaró él con una sonrisa– es más bien mi seguro–

– No entiendo...– dije mirando a Emily y Cedric en busca de una respuesta.

– Los brujos utilizan nuestra sangre para hechizos. Teniendo las muestras, en caso de que queramos hacerle daño, él nos lo hará primero– me explicó Cedric mientras tomaba un cigarrillo de su caja.

– Si solo es por eso adelante– asentí tendiéndole mi mano.

– Más tarde– me sonrió Fausto– no tenemos prisa. Creo que será mejor que duerman aquí, no llegaremos a revisar todo en una noche. Además, yo duermo a esta hora, no soy noctambulo–

– ¿Dónde están los libros? – le preguntó Emily mirando a su alrededor.

– Los tengo en el altillo. ¿Me ayudan? –

– No– dijo Cedric mientras se sentaba en el reposabrazos del sillón.

– Yo voy– dije caminando detrás de Fausto y fulminando a Cedric con la mirada.

Subimos las escaleras hasta alcanzar al segundo piso. Allí había tres puertas, pero no pregunté. Me dediqué a seguirlo en silencio hasta que se detuvo. Se puso en puntillas y tiró de una pequeña muesca del techo, abriendo una compuerta, al mismo tiempo que una escalera se desplegó ante nosotros.

Fausto comenzó a subir y yo esperé a que llegara al altillo para no recibir una patada en la cara mientras iba detrás de él.

– Quédate ahí– me dijo desde arriba– te iré pasando las cajas con los libros y puedes ir llevándolas abajo–

– ¿No puedes chasquear los dedos y hacerlas aparecer en la sala? – le pregunté sonriendo.

– Podría, pero controlan la cantidad de magia que uso, no puedo excederme en cosas banales–

– ¿Tienen un medidor o algo así? – bromeé mientras me pasaba la primera caja.

Pesaba más de lo que había cargado en mucho tiempo, pero sentí que podía levantarlo. Bajé hasta la sala, ya agitada, para dejar la caja y volví a subir hasta donde él estaba.

– La magia es única, aunque se renueva muy lentamente. Todos los brujos extraemos solo lo que necesitamos, no podemos excedernos porque entonces alguien podría quedarse sin ella hasta que se renueve–

– Pensé que salía de ustedes...–

– No, nosotros somos quienes podemos canalizarla, pero la magia no tiene dueños, se comparte, es para todos los brujos– me dijo bajando con la última caja y descendiendo conmigo por la escalera– por eso nos valemos de pócimas y objetos mágicos–

Fausto encendió la chimenea mientras el resto nos sentábamos en el suelo y comenzábamos a tomar libros de las cajas. Eran realmente muchos, imposible terminar con todos en una noche.

– ¿Vamos a ayudarte o buscaremos solos? – le preguntó Cedric a Fausto, viendo como este caminaba de un lado a otro de la cocina sin unírsenos.

– Lamento decirte que no he cenado. No puedo leer con el estómago vacío–

– Pues dale algo a ella también– pidió Cedric señalándome con la barbilla– es humana y no comió–

Luna de SangreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora