Destiny y yo nos acercamos a la puerta de la iglesia mientras que Cedric y Godric se mantenían ocultos entre las sombras de los árboles.
Estiré un brazo y tiré de una pequeña campanita que funcionaba como timbre. Aquella iglesia estaba allí hacía décadas y ni siquiera se habían tomado la molestia de cambiar aquella antigüedad e instalar un portero eléctrico.
Nos mantuvimos en silencio, esperando y luego de algunos minutos oímos unos pasos arrastrándose desde el interior.
El párroco nos abrió, con ojos somnolientos. Miró a Destiny y su rostro pareció oscurecerse un poco, hasta que finalmente sus ojos se posaron en mí y entonces sonrió.
– Padre, lamentamos la hora...– comencé a decir yo mordiéndome el labio.
– ¿Podemos pasar? – preguntó Destiny, mirándolo con cierta intensidad.
Había una sola condición que impedía que ella entrase y era que necesitaba que alguien la invitase dentro. Sin embargo, el párroco no lo hizo, habló directamente referido a mí.
– ¿April? ¿Qué haces aquí a estas horas? – me preguntó frunciendo un poco el ceño.
– Estoy buscando a mi hermana, Aixa...– le expliqué intentando mantener la calma– se ha ido hace algunos días y no sé dónde está–
– ¿Ella es tu amiga? –
– Sí, sí lo soy– respondió Destiny por mí, con cierta premura.
– Aixa no ha venido aquí...– respondió él y realmente parecía compungido, incluso demasiado– pero esperen. Tengo algo que puede ayudarles– el corazón me dio un vuelco.
¿Sabía algo sobre cómo encontrar a mi hermana? ¿Estaba por soltar algo importante delante de Destiny?
Vi con el rabillo del ojo que una sonrisa se dibujaba en el rostro de ella. El párroco se había metido otra vez dentro y había ido en busca de algo, seguramente una pista. Miré hacia atrás, Cedric y Godric ni siquiera se veían en aquella oscuridad.
– Tal vez esto les sirva– dijo nuevamente el párroco volviendo a aparecer con rostro sombrío.
Rápidamente extrajo algo del bolsillo. Un frasco pequeño, de cristal. Sacó la tapa de un tirón y la lanzó contra Destiny. El frasco estalló contra el rostro de ella. Soltó un chillido agudo, mientras la piel parecía quemársele. Sin duda era agua bendita.
Me quedé pasmada por un segundo mientras el sacerdote se lanzaba hacia adelante con una estaca de madera, listo para matarla.
Entonces, Godric apareció, veloz como un rayo y apartó violentamente a Destiny de allí. En el trayecto la punta de la estaca se le clavó en el brazo y soltó un alarido de dolor.
– ¡Rápido April! ¡Entra! – el párroco me tomó de la muñeca y tiró de mí para meterme dentro de la iglesia.
Antes que lograra dar un paso dentro, una mano me agarró con fuerza por el otro brazo. Intenté liberarme, pero Cedric tenía demasiada fuerza, incluso siendo dos contra uno.
– ¡Entra! – exclamaba el párroco sin dejar de tirar.
Cedric me tomó con ambos brazos. Los pies del sacerdote resbalaban por el suelo, cada vez más cerca de la salida.
– ¡Basta Cedric! – le grité intentando liberarme de él.
– ¡No vas a ir a ninguna parte! – dio un último tirón.
El sacerdote y yo salimos disparados hacia afuera. Yo caí en el suelo, a los pies de Cedric. No vi donde aterrizó al sacerdote, solo alcancé a ver que Cedric lo aferraba por la remera del piyama y lo levantaba del suelo.
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Luna de Sangre
VampirApril Fontaine estuvo siempre segura de que los vampiros eran monstruos horribles. Cedric Leblanc siempre pensó que los humanos solo eran un alimento. Pero obligados a convivir... ¿Pueden cambiar sus prejuicios?
