– ¿Qué? – Cedric me soltó de repente y echó el rostro hacia atrás para verme mejor.
– Quiero que me muerdas– repetí mientras la lluvia de la ducha seguía cayendo sobre nosotros y comenzaba a enfriarse.
Cedric me observó por un eterno minuto a los ojos, con una expresión que no logré comprender. Parecía sorprendido, pero en conflicto con sigo mismo.
– Oye...– le dije finalmente, mientras me volvía para cerrar la canilla– ¿Qué sucede?–
– No puedo...– Cedric frunció el ceño, se pasó la mano por el rostro para secarse la cara empapada y salió de la ducha sin más.
– ¿Qué haces? – le dije mirándolo perpleja... ¿A caso que alguien les pidiera ser mordido no era el sueño de todo vampiro?
– No lo haré así– fue todo lo que respondió antes de marcharse.
Me quedé sola en el baño, calada hasta los huesos, viéndome como una completa idiota. Pero la estúpida no era yo... Era él, claro estaba. Ni siquiera me tomé el trabajo de seguirlo. Me quité las prendas que seguía teniendo puesta y me di una ducha.
De repente, bajo el agua y envuelta en espuma, el dolor que sentía volvió a abrumarme. Los recuerdos de mis padres torturándome seguían apareciendo en mi mente, uno tras otros. Apreté los puños y comencé a aporrear los azulejos de la pared, conteniendo las lágrimas, gritando en silencio.
Cuando mis dedos comenzaron a arrugarse decidí salir. Me envolví en una esponjosa toalla blanca y corrí en puntillas hasta mi habitación para buscar ropa. Entré a mi habitación y me quedé de piedra.
Emily estaba sentada sobre mi cama, con las piernas cruzadas, esperándome.
– ¿Qué haces aquí? – le pregunté.
Si había algo que no necesitaba era que viniese a molestarme en ese momento.
– Vengo a regodearme en tu idiotez–
– ¿Disculpa? – le dije enarcando una ceja y sosteniéndome la toalla contra el pecho.
– –Cedric es demasiado caballero para ti...–dijo encogiéndose de hombros–¿No quiso morderte? –
– Deberías informarte un poco sobre el derecho a la privacidad– dije mirándola con fiereza.
– Sé que en esta casa no existe– me sonrió falsamente– recuerdo que cuando me acostaba con Cedric, lo oían todos–
– ¿Vas a hacerme una escena de ex novia celosa? – le pregunté entrecerrando los ojos– no estoy de humor para eso–
– Oh no, no me malentiendas– dijo ella sin dejar de sonreírme– de hecho, vine para aconsejarte–
– Y yo no quiero escucharte–
– Pues lo harás– Emily se puso de pie y se acercó a mí, mirándome desde muy cerca–
– ¿Sabes por qué Cedric no te mordió? Por qué es algo demasiado íntimo para los vampiros... Y es evidente, que aún no llega a sentir tanto por ti–
– Imagino que debo creerte...– le dije arqueando las cejas– debes ser una fuente muy confiable–
– Generalmente no lo soy– se encogió de hombros– pero en esta ocasión he decidido serlo, para tener un poco de solidaridad entre mujeres–
– Bien... Habla– dije poniendo los ojos en blanco.
– Cedric no te quiere lo suficiente y por eso te esconde cosas– se encogió de hombros– como es muy caballero no piensa hacer algo tan importante como morderte, antes de que sepas la verdad. Pero no le importas lo suficiente como para decirte todo–
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Luna de Sangre
VampireApril Fontaine estuvo siempre segura de que los vampiros eran monstruos horribles. Cedric Leblanc siempre pensó que los humanos solo eran un alimento. Pero obligados a convivir... ¿Pueden cambiar sus prejuicios?
